María Sol Pogliani - Nancy Balza
Facturas, alfajores, papas fritas y gaseosas son los productos que más se venden en los kioscos de escuelas públicas y privadas, mientras que en las cantinas se multiplican los pedidos de hamburguesas, pebetes y panchos. Más rezagadas aparecen las ventas de tartas de verduras, yogures y ensaladas de frutas en los colegios que han incorporado estas opciones.
"Los chicos prefieren las facturas, los sandwiches y algunas galletitas de marca, jugos y gaseosas azucaradas, aunque también agua mineral las estudiantes que se cuidan. Hemos intentado vender lácteos, pero no ha dado resultado; las pocas chicas que consumen yogur los traen y se los guardamos en la heladera", señaló Alberto, dueño de la cantina que funciona en la escuela Pizarro.>
En el colegio Nuestra Señora del Huerto no sólo venden pebetes y golosinas, sino también variedad de comida rápida y alimentos nutritivos. "De a poco fuimos integrándoles comidas más sanas, como tartas de verdura, de choclo, empanadas de carne y milanesas. Pero hay días en que tenés que hacer panchos, hamburguesas y los conos de papas fritas porque a ellos les gusta eso", comentó Sandra, quien diariamente prepara la comida a las chicas.>
Fuera del horario del almuerzo, el consumo de golosinas, juguitos y productos ricos en hidratos de carbono y grasas ganan terreno entre niños y adolescentes que tienen poder adquisitivo para acceder a estos productos. Quienes están al frente de los kioscos y cantinas aseguran que los más chiquitos prácticamente no consumen yogures en los recreos ni tampoco frutas, hábitos que empieza a observarse en la adolescencia, cuando los jóvenes, sobre todo las mujeres, comienzan a cuidar la silueta.>
Sin embargo, más allá de las iniciativas puntuales de algunos colegios que venden frutas, yogures y jugos, no es una obligación que se imponga -por ahora- desde el gobierno, quedando su incorporación a criterio de la institución o, en la mayoría de los casos, del kiosquero o cantinero.>
El ritmo de vida, que genera actualmente malos hábitos alimentarios, y las publicidades son algunos de los factores que atentan contra una alimentación saludable.
"Hay una resistencia a incorporar comidas sanas no sólo por parte de los niños y adolescentes, sino también desde los padres porque son personas jóvenes que han vivido las últimas décadas y los cambios culturales los han afectado. Muchas veces, la dificultad de promover hábitos saludables tiene que ver con los tiempos porque tanto el hombre como la mujer trabajan todo el día. Comprar verduras y prepararlas de manera rica y atractiva requiere tiempo. Muchas veces, eso va a influir para que el chico tenga preferencias por otros alimentos que no son los adecuados para la edad", explicó la licenciada Paola Resnicoff, responsable de desarrollo curricular y relaciones interinstitucionales de la Carrera de Licenciatura en Nutrición de la Universidad de Concepción del Uruguay-Centro Regional Río Paraná, sede unidad académica Santa Fe.>
Los jóvenes "tienen tendencia a los alimentos que no les demandan mucho tiempo, son sabrosos y, en general, los que les van a producir obesidad o algún otro tipo de trastorno, como pueden ser problemas digestivos o colesterol", indicó la licenciada Elsa Olmedo, coordinadora de la carrera.>
Esta mochila de costumbres y hábitos es las que trasladan los chicos a la escuela. "La mayoría no desayuna porque dice que se les hace tarde para ir al colegio y, después, en el primer recreo, comen lo que se les vende en el kiosco o en la cantina y que, generalmente, no es lo que deberían consumir", sostuvo Susana Capello, docente de Biología del Colegio del Huerto, quien trabajó con los alumnos de 8° de EGB enseñándoles hábitos saludables de nutrición.>
Sobre este punto, Resnicoff sostuvo que "está comprobado que aquellos que no desayunan consumen más gaseosas y más alimentos azucarados porque la última comida fue a las 10 de la noche y a las 8 ó 10 de la mañana pasaron muchas horas sin que el organismo ingiriera nutrientes. Esto produce una hipoglucemia, por lo que el cuerpo tiende a consumir un alimento azucarado o lo que hay en las escuelas".>
Las nutricionistas señalaron que los malos hábitos y la falta de actividad física pueden generar sobrepeso y obesidad. La tecnología que suplanta a "los potreros", la publicidad que induce a consumir nuevos y "atractivos" productos y el sedentarismo son una combinación poco recomendable para que niños y adolescentes estén saludables.
La responsabilidad "no sólo es de la familia, sino del medio en el que nos desenvolvemos. Las escuelas son cada vez más chicas, tienen menos patios y los chicos pueden correr menos. Además, salen de dar las clases de nutrición en los colegios, de hablar con el docente de que es mejor aumentar la cantidad de frutas y lácteos, y encuentran una cantina que no provee esos alimentos. Las madres en el consultorio me preguntan qué les pueden hacer para que coman en la escuela porque allí no les ofrecen otra cosa que alimentos de bajo valor nutritivo", sostuvo Resnicoff.>
Por otro lado, también existe el problema generado por la publicidad y la sociedad de consumo y que está relacionado con el "valor agregado que tienen algunos alimentos. Durante las charlas, los chicos refieren que les da vergüenza comer una fruta o un yogur descremado porque los cargan y se sienten discriminados. Hay una presión social generada por los medios de comunicación y la publicidad que otorgan valor un valor a determinados productos que no lo tienen ni las frutas ni otro alimento más saludable", sostuvo Resnicoff.>
En el país
En distintas provincias y ciudades del país se vienen desarrollando estrategias para contrarrestar los efectos de una alimentación inadecuada, que se traduce en sobrepeso y obesidad pero no necesariamente en una buena nutrición.
Medidas oficiales y jornadas de concientización se vienen desarrollando en Mendoza, Córdoba, Buenos Aires, Capital Federal y -en la provincia- en la ciudad de Rosario, entre otras localidades.
La Encuesta Nacional de Nutrición realizada por el Ministerio de Salud y Ambiente arrojó, entre sus resultados, que el sobrepeso y la obesidad afectan al 9,2 por ciento de los menores de 6 años.
La diputada provincial Mónica Tomei (UCR) presentó un proyecto de ley -que comenzó a ser analizado en la comisión de Salud de la Cámara baja- para regular la venta de alimentos en los establecimientos escolares de la provincia. Tiene por finalidad "prevenir y disminuir la incidencia de la obesidad infantil y los riesgos para la salud que se derivan de ésta como consecuencia de los malos hábitos alimentarios". Para ello propone limitar, por un lado, la exhibición, venta y consumo de alimentos con alto contenido de grasa, azúcares y sal, y por el otro incrementar la carga horaria de la asignatura Educación Física.
También define a los alimentos nutritivamente incorrectos como aquellos con altos contenidos de grasas, azúcares y sales; y alimentos nutritivamente correctos aquellos que tienden al equilibrio nutricional, al tiempo que designa a los ministerios de Educación y Cultura, y de Salud junto con Acción Social de la provincia como organismos de aplicación.>
La propuesta de la legisladora se basa, entre otros aspectos, en el resultado de un relevamiento realizado el año pasado por la Secretaría de Salud de la Municipalidad de Rosario entre 800 alumnos, que concluyó en que el 92 % de los educandos consumía comidas y bebidas de los kioscos escolares y que, de ellos, el 79 % tomaba gaseosas entre 3 y 5 veces por semana. Además, en los colegios donde existen cantinas los almuerzos preferidos eran hamburguesas y milanesas con papas fritas.>
En estos datos y las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que definió la obesidad como una epidemia típica del siglo XXI, y estimó que hay en el mundo mas de 22 millones de niños menores de 5 años obesos o con sobrepeso, apoyó Tomei su proyecto>
Las nutricionistas de la Universidad de Concepción del Uruguay (sede Unidad Académica Santa Fe) dictan talleres en todos los niveles de EGB y Polimodal de las escuelas públicas y privadas santafesinas y afirman que los adolescentes de nivel socioeconómico medio tienen información que les permite discernir cuáles son los alimentos que deben consumir. Sin embargo, "les cuesta llevarlo a cabo".
Para revertir los hábitos de niños y jóvenes, las profesionales sostienen que es necesario "un cambio de conciencia general" que involucre al Estado, la familia y las escuelas. Pero este cambio sólo puede darse en forma progresiva porque "no se puede poner una verdulería si hasta ayer se tuvo un kiosco con chupetines y chocolates", sostuvo la licenciada Elsa Olmedo.
Este año, la "alimentación saludable" está en la agenda oficial. La Dra. Adriana Lusso, del área de Nutrición de la Dirección de Promoción y Protección de la Salud, sostuvo que "el tema de la obesidad se está convirtiendo en cuestión de Estado. Los datos más concretos pertenecen a la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo, que arrojó un resultado de casi el 50 por ciento de las personas con exceso de peso y, dentro de esa cifra, un 10 por ciento con obesidad", señaló la médica a este diario.
La meta es introducir el concepto de alimentación saludable como eje transversal en una propuesta interministerial, que involucre a Salud, pero también a Educación y a Producción, para trasladarla a las escuelas y a otras instituciones que brindan actividades a niños y niñas. "Se está trabajando en la disminución de los factores de riesgo: en perinatología, con controles a las embarazadas para que tengan un adecuado aumento de peso. Con el niño, en el área de maternidad e infancia a través de propuestas de lactancia materna hasta los 6 meses de vida, con controles periódicos a los chicos y promoviendo la actividad física junto con una alimentación variada".
En definitiva, no es la prevención de la obesidad el objetivo central, sino el mantenimiento de la salud que tiene directa relación con los hábitos de alimentación.
Lusso destacó que en muchas escuelas de la provincia se están desarrollando experiencias de cantinas saludables: "Una cantina saludable ofrece cereales, frutas de todo tipo, lácteos, yogures". Y sostuvo que, más que prohibir o insistir en la noción de "comida chatarra", conviene apelar a la ingestión de productos variados y a un cambio de hábitos que involucre no sólo a niños y niñas, sino también a los adultos.