Al margen de la crónica
De risa, sólo el nombre

Chiquitos y traicioneros, silenciosos y efectivos, imperceptibles pero certeros, ácidos, dañinos, punzantes, molestos, inoportunos, apenas puntitos negros posados sobre nuestra maltrecha humanidad, que por estos días recurre al aire libre para hacer todo lo que el resto del año obvió: tomar sol, hacer actividades físicas, oxigenarse. Y justo ahí se encuentra con ellos, muertos de hambre, aburridos, renovados después de un invierno letal, listos para atacar y decorar pieles sensibles con marcas más notorias y coloridas que un tatuaje.

No son mosquitos (que también los hay y pueden adecuarse a la definición anterior); son jejenes y se mueven en multitudes ante nuestros ojos, sólo para distraernos mientras pican de a uno todo lo que queda expuesto, que en estos días de anticipo de temporada es casi todo.>

Los jejenes son insectos voladores y según dicen los que saben, las que pican son las hembras que, si se miden por sus efectos, son un montón. O sea que los que vuelan como una nube a la altura de la cabeza serían ellos, puestos ahí sólo para despistar mientras las damas cumplen su faena con ardoroso empeño.>

Son voladores y dípteros (hora de buscar en el diccionario), más pequeños que los mosquitos y de picaduras más irritantes y abundan en las playas de algunas regiones de América (y uno creía que las palmadas eran para encontrar a un nene perdido). En las playas y en otros espacios abiertos, podría acotarse cuando se habla de estas latitudes santafesinas, tan vinculadas con la hidrología y cada vez más cercanas al clima tropical.>

Aunque el nombre llame a engaño, el jején no es, vea usted, motivo de risa. Es un tema serio y de trascendencia académica. Tanto que en ámbitos universitarios del sur del país se estudia cómo controlar su presencia -o, en todo caso, lograr su ausencia-, con métodos efectivos, pero que no agredan al medio ambiente.>

Como se ve, la cuestión supone una preocupación generalizada, así que no puede decirse que la gente se queje porque sí. Tampoco es para batir palmas, aunque pensándolo bien, si no queda otra...>