Grupúsculos facciosos en la universidad

Activistas de izquierda de la Universidad Nacional de La Plata impidieron a través de la intimidación y la violencia que el doctor López Murphy dictara una conferencia invitado por las autoridades de la Facultad de Ciencias Económicas. El pretexto que justifica esta agresión es el supuesto carácter derechista y privatizador del dirigente.

A través de la metodología de la patota, esta izquierda de rasgos culturales fascistas decide quién puede hablar o no en las casas de altos estudios. Por este camino, investigadores, docentes o dirigentes políticos mañana correrán la misma suerte. Hoy la impugnación es contra de un dirigente liberal, mañana el ataque lo puede sufrir un dirigente socialista, conservador o nacionalista; en definitiva, de lo que se trata es de silenciar toda voz divergente o toda opinión que no coincida con el fundamentalismo mesiánico de estas sectas de izquierda.>

A los efectos de este análisis importa poco coincidir o no con las opiniones de López Murphy. No está en discusión el ideario de un dirigente sino la libertad de expresión. Para decirlo de una manera directa: o las universidades son ámbitos de pluralismo y libertad o pierden su razón de ser; no hay conocimiento, investigación y florecimiento del saber sin libertad, y la libertad, conviene recordarlo, es la libertad de expresar lo que se piensa.>

Los atropellos que estas izquierdas fascistas cometen en las universidades son graves para las instituciones y la democracia, pero, por sobre todas las cosas, son graves por las consecuencias políticas que pueden llegar a generar en el mediano y largo plazo. Sus actos de intimidación, su violencia prepotente y sectaria tarde o temprano puede dar lugar al nacimiento de una extrema derecha facciosa que responda con la misma metodología.>

El panorama en este sentido es preocupante: en la Universidad de Buenos Aires se impide que sesione el Consejo Superior, en la Universidad de La Plata se sabotea una conferencia; en su momento, en la UNL, se agredió al rector para oponerse a la creación de una facultad de Medicina. En todos los casos, lo que parece imponerse es la violencia protagonizada por grupos minúsculos y fanáticos que se valen de las libertades laboriosamente conquistadas para liquidarlas en nombre de delirios mesiánicos.>

La democracia debe aprender a convivir con estos grupos minoritarios y violentos, pero la extensión de estas provocaciones obliga a advertir sobre los riesgos que representa la generalización de estos comportamientos. No se trata de responder a las provocaciones con violencia, sino de actuar con serenidad y firmeza en el marco que prescribe la ley. Por lo tanto, importa convocar a la unidad de la clase dirigente en el ámbito de las universidades.>

Se equivoca el gobierno nacional cuando especula con que los sabotajes contra las instituciones de la UBA pueden llegar a beneficiarlo. Los enemigos de las instituciones universitarias son también los enemigos del gobierno. Especular con probables beneficios, mirar para otro lado, rehusar el ejercicio de las facultades que otorga la ley, no sólo es una especulación equivocada sino el peor de los errores políticos.>