La Administración de Programas Especiales puso en marcha el "Programa de Control de la Enfermedad de Chagas" para todos los afiliados de las obras sociales que hayan adherido al plan y deja abierta la posibilidad de nuevas adhesiones a todas aquellas que aún no lo hayan hecho.
La APE implementa así una política activa y específica en materia de promoción de la salud y prevención de la enfermedad. El Programa se realizará a través de las obras sociales y sus afiliados contarán con diagnóstico y tratamiento absolutamente gratuitos.>
La APE otorgará el apoyo financiero a las obras sociales que adhieran al Programa de Control de la Enfermedad de Chagas, reintegrando las siguientes intervenciones médicas: control serológico, medicación de Chagas, seguimiento longitudinal del paciente, ecodopler y marcapasos.>
A partir del estudio serológico de ratificación de la población beneficiaria seropositiva se ingresará al programa a quienes estén infectados con el objetivo de realizar un seguimiento longitudinal de los pacientes.>
Su implementación contempla tanto las zonas urbanas como rurales, y apunta a la detección de infección chagásica en todos los niños menores de 15 años; al control de la madre chagásica y su hijo hasta el año de vida; y a la inclusión de screening para Chagas en los recién nacidos cuya madre haya estado en contacto con área endémica.>
El Chagas es la principal enfermedad endémica del país. Es una patología parasitaria crónica causada por el Tripanosoma cruzi. En las zonas rurales se adquiere normalmente por la llamada vía vectorial, ya que es el insecto vector o vinchuca quien lo transmite. En las ciudades se transmite especialmente por la vía llamada interhumana o no vectorial (transfusión de sangre contaminada), o por la congénita o transplacentaria. Estas dos son responsables del 15% de los casos, teniendo la última un 6% de participación en la incidencia.>
El Programa de Control de la Enfermedad de Chagas tiene como objetivos principales promover la salud y la prevención (control) de la enfermedad de Chagas de los beneficiarios del Sistema de Seguro de Salud; mejorar la calidad de vida de los pacientes; ofrecer una mayor y más temprana accesibilidad a los servicios especializados; contener el gasto, tanto por parte de los agentes del seguro como de los beneficiarios.
Otro de los objetivos apunta a alcanzar un conocimiento acabado de la situación epidemiológica actual de los afiliados respecto de la enfermedad de Chagas y su evolución posterior, propiciando vigilancia epidemiológica activa con participación social. También pretende lograr la integración de la actividades y recursos en el primer nivel de atención de los beneficiarios con enfermedad de Chagas, para su mejor control evolutivo y evitar la progresión a la cronicidad en los órganos blancos.>
Las primeras obras sociales que se adhirieron al Programa son: de Forestales de Santiago del Estero; del Personal Rural y Estibadores de la República Argentina; del Personal de la Construcción; de la Actividad Azucarera de Tucumán, de Empleados de Comercio; de Publicidad; de Jaboneros; del Personal de la Actividad Perfumista; del Personal de Prensa de Tucumán; de Empresarios, Profesionales y Monotributistas; de Estaciones de Servicio, Garages, Playas de Estacionamiento y Lavaderos Automáticos; de Peones de Taxi de Capital Federal; de Panaderías; y del Personal de la Industria Azucarera.>
Según cifras del Programa Nacional de Control de la Enfermedad de Chagas, la prevalencia de esta patología en la población oscila entre un mínimo de 1,1% en Río Negro (área no endémica) a un 35,5% en Santiago del Estero (endémica), con una media del 10,13% en todo el país. Por otra parte, los bancos de sangre registran una prevalencia del 4,20% entre los donantes.
En las embarazadas la infección alcanza el 6,1% (lo que determinaría el nacimiento de unos 50.000 niños con Chagas congénitos al año). En niños de 14 años de áreas rurales es del 1,94%; en menores de 5 años (tomadas 13 provincias) es de 4,25%, mientras que la incidencia de infección conatal alcanza el 2,57%.>
El posible carácter invalidante de la enfermedad y la alta incidencia observada en personas jóvenes (incluyendo a los niños) determina que muchos de ellos -por el deterioro paulatino y creciente de su salud y calidad de vida- no puedan afrontar las condiciones laborales a las que se encuentran vinculados en las áreas de mayor impacto de la enfermedad, con el consecuente deterioro de las economías familiares y con un muy elevado costo social.>
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