Un pacto de supervivencia
Hace pocos días, tres inspectores municipales debieron ser asistidos por una unidad de emergencia, tras haber sido agredidos con palos y botellas por los integrantes de una patota, como derivación de un altercado producido cuando interceptaron una moto en un puesto de control vehicular.
El hecho representó un pico dentro de una sostenida animadversión hacia la tarea de este personal municipal y, a la vez, se registra en un marco de siniestralidad en el tránsito, que fue recientemente denunciada como una "endemia social" y mereció el impulso de un proyecto legislativo para declarar la emergencia al respecto.>
En su última sesión, el Concejo Municipal reclamó la intensificación de controles, a propósito del alarmante número de muertos y heridos en las calles y ante la proximidad de las fiestas de fin de año, lapso durante el cual el abuso en la ingesta alcohólica produce en cada ocasión nuevos y mayores estragos.>
También los especialistas preocupados por la temática insisten en la necesidad de aumentar y profundizar los controles, a la vez que promueven campañas de concientización para una población cada vez más remisa a unos e indiferente a las otras.>
Con este conflictivo fondo, en las últimas horas se sumaron una serie de confusos episodios, en los que parece reflejarse una aparente puja entre el cuerpo de inspectores de tránsito y la policía de la provincia, que derivaría en interferencias cuyo resultado necesariamente será el resentimiento de las tareas, en perjuicio de la comunidad.>
Todos estos factores confluentes tienen, en rigor, un mismo denominador común: la reticencia a cualquier tipo de control, como consecuencia de la negativa a acatar el cumplimiento de las normas establecidas para facilitar -e incluso permitir- la convivencia. O, en este caso, habría que decir también la supervivencia.>
La falta de vocación para preservar pautas comunes básicas, a través de la autolimitación, se vuelca de manera agresiva hacia toda autoridad que, de una manera u otra, pretenda asegurar su aplicación y respeto. Por eso, y más allá de los consabidos y también reiterados casos en los que existan abusos de parte de esa misma autoridad, la resistencia tiene menos que ver con la indignación frente a una eventual injusticia, que con una actitud violentamente desaprensiva y refractaria frente a cualquier tipo de límites; incluyendo aquéllos que han sido autoimpuestos de manera colectiva, a través de los mecanismos que el sistema democrático prevé para ello.>
La gravedad de las circunstancias plantea la urgencia de reeditar ese "pacto social", hoy sistemáticamente ignorado en casi todos los aspectos de la vida cotidiana, y ajustarse a él anteponiendo el interés general -lo que incluye el propio- a los roces que circunstancialmente genere su persecución. En todo caso, habrá que preguntar cuántas muertes estarán dispuestos a soportar sobre su conciencia los automovilistas santafesinos, antes de recordar por qué nunca fue preferible la ley de la selva.>