El enorme avance de las ciencias, ¿qué nos han revelado sobre el amor y el sexo? Las variaciones de gustos, ¿tienen su explicación en el cerebro? Diego Golombek, en un ameno y divertido "manual" busca develar por qué los nenes son nenes y las nenas, nenas, y cómo se buscan y desean en base a parámetros determinados de belleza, y cómo se despliegan (aparte de las alas del pavo real) una gama notable de singulares tendencias, y el rol que cumplen olores, hormonas, y químicos varios.
Leemos en "Sexo, drogas y biología (y un poco de rock and roll)": "Es cierto: aún sabemos muy poco sobre la naturaleza del amor. Tal vez conozcamos algo más de su primo lujurioso, el sexo; hay quienes aventuran que el amor no es más que una excusa que tiene la evolución para perpetuar las especies y los genes. Sabemos también algo de sus manifestaciones externas; he conocido algún profesor que afirmaba que el amor no es más que un aumento en la frecuencia cardíaca, algo de sudoración, un enrojecimiento de las mejillas y, agregaríamos hoy, la activación de ciertos centros del cerebro. No es poco, pero tiene gusto a poco: uno no se resigna a interpretar sus sentimientos más íntimos como una bolsa de reacciones físicas".>
La conclusión, inmediatamente antes de la transcripción del conocido poema de Girondo que comienza: "Se miran, se presienten, se desean...", reza: "Somos, en el fondo, un manojo de emociones primarias que intentamos domar infructuosamente. El amor es una de ellas, y más allá de ser vehículo egoísta de la evolución, es seguramente la que más nos hace humanos. Como podría decir el tango, que el sexo fue y será una droga ya lo sé, tan adictiva que nos constituye y nos obliga a los planes, disfraces y mentiras más estrafalarios para lograrlo". Publicó la Editorial de la Universidad Nacional de Quilmes y Siglo XXI en la colección "Ciencia que Ladra...".>