Escuelas con nombres propios
El Complejo Ceferino Namuncurá honra la identidad indígena
El joven aborigen que en el siglo XIX se trasladó a Buenos Aires para ingresar al seminario no pudo concretar el sueño de regresar a su tierra convertido en sacerdote y ayudar así a su "raza olvidada". Murió a los 19 años, pero su ejemplo trascendió las fronteras del Valle de Chimpay y llegó a Santa Fe.

En el noroeste de la ciudad, donde se intercalan las calles de asfalto y de tierra, se encuentra el Complejo Educativo Ceferino Namuncurá. Esta escuela parroquial, a la que asisten cerca de 2.500 alumnos de Nivel Inicial, EGB, Polimodal y ciclo nocturno, comenzó siendo un pequeño salón que el padre salesiano Antonio Rodríguez fundó en 1957 para "brindar condiciones de vida digna a la gente, acercándole no sólo asistencia material, sino también espiritual. Allí las personas aprendían oficios tales como carpintería, cocina y bordado y se les enseñaban las primeras letras", comentó Norma Bee de Godano, directora de la Escuela Técnica N° 25.

El padre bautizó su obra con el nombre del indígena nacido en el Valle de Chimpay (Río Negro) y la escuela lo heredó un lustro después. Con el correr del tiempo, la institución creció y Ceferino caló hondo en el corazón de los pobladores del barrio. Tanto es así que la comunidad educativa y religiosa desea que sea declarado santo para poder colocar su imagen en un lugar destacado de la iglesia Virgen de los Pobres y no en el atrio en donde se encuentra hoy.>

Desde 1972, Ceferino es considerado "venerable" por las virtudes que lo caracterizaron, pero, para llegar a ser santificado, el Vaticano debe comprobar que aquél haya realizado milagros.>

Los primeros años

Ceferino Namuncurá nació el 26 de agosto de 1886 en los territorios del sur patagónico. Por entonces, se respiraba un clima de relativa paz, luego de las persecuciones sufridas por sus antecesores como consecuencia de la política de hostigamiento y exterminio de indígenas, impulsada por el gobierno de Julio Argentino Roca.

Sus primeros años de vida transcurrieron en el Valle de Chimpay (Río Negro), donde Ceferino aprendió a cazar guanacos y a manejar con destreza las boleadoras, la lanza y el arco. Pero también se destacó "desde muy temprana edad por su predilección por la vida espiritual, su humildad y su deseo de ayudar a su raza o, como él los llamaba, a sus paisanos, confinados al pie de la Cordillera de los Andes", contó Godano.>

En 1897, Manuel Namuncurá, el padre de Ceferino, llevó a su hijo a estudiar a Buenos Aires. Los documentos que se conservan de la época y los relatos que pasaron de generación en generación dan cuenta de la fascinación que el pequeño de 11 años tenía por cuanto veía y oía en la gran metrópoli. Sin embargo, el embelesamiento se desgranaría a poco de llegar.>

Ceferino consiguió una vacante para comenzar sus estudios en el colegio San Fernando, en donde recibió instrucción en carpintería. Pero sus intereses estaban lejos de lo material y su ánimo empeoraba con el paso del tiempo.>

Sacerdocio inconcluso

Alarmado por el estado en que encontró a su hijo pocos días después de dejarlo en Buenos Aires, Manuel se propuso encontrar un lugar en donde Ceferino se sintiera a gusto. Pero no estaba en la mente del niño regresar a su tierra natal porque "quería seguir su formación para ser útil a su raza".

Para lograr que Ceferino cumpliera con su deseo, el padre se contactó "con el ex presidente Luis Saénz Peña y por su intermedio logró que el niño fuera aceptado en el Colegio Salesiano de Buenos Aires, donde aprendió las enseñanzas de Jesús ", relata Godano.>

Enamorado de la doctrina católica, Ceferino manifestó en 1902 su deseo de inscribirse en el seminario. Pero su salud lo obligó a trasladarse a Viedma, donde reanudó sus estudios de latín y fue nombrado sacristán y campanero. En todo momento, el niño fue acompañado por monseñor Cagliero, el arzobispo que en 1904 le brindó la oportunidad de conocer Roma y visitar el Coliseo, las catacumbas y las basílicas italianas.>

Allí se entrevistó con Pío X y comenzó a formarse para ser sacerdote, pero su salud empeoró y debió abandonar las clases. A partir de entonces, comenzó a ser asistido por el médico personal del Papa, pero ya nada pudieron hacer por él.>

El 11 de mayo de 1905, Ceferino falleció, dejando trunca su idea de convertirse en sacerdote para ayudar "a los de su raza". Al morir, Ceferino aferraba en su mano una medalla de la Virgen María Auxiliadora, de quien fuera devoto, regalo que le habían dado los misioneros salesianos en las riberas de Río Negro. Sus restos descansan desde 1925 en Fortín Mercedes.>

De la redacción de El Litoral