Los precios ante el inicio del año
La política de precios que el gobierno nacional desarrolló durante el año que termina parece llegar a cumplir un objetivo que es más político que económico. La Casa Rosada cerrará el 2006 con una inflación por debajo de los dos dígitos en los indicadores oficiales al 31 de diciembre; sin embargo, la sensación térmica no es idéntica a la temperatura, y el desafío se reeditará inmediatamente, a partir del 1° de enero.
El furor de las ventas navideñas será sucesivamente seguido por el aumento estacional en los precios del turismo y, luego, por el que marca el retorno a la actividad escolar. Los precios sugeridos no resisten la realidad de una economía que empezará el 2007 sincerando en parte el valor de la energía eléctrica que paga la industria y que integra la base de la estructura de costos del país.>
El problema no es electoral, sino estructural; morigerar los indicadores puede ser una buena propaganda, pero no es una solución al cuello de botella que plantea el crecimiento. El tipo de cambio alto es una política del gobierno que se sustentará en el año, pero cuyos efectos ya no podrán contenerse sin un diálogo abierto para establecer reglas del juego más claras con los actores de la economía nacional.>
Se alientan las exportaciones para mejorar el empleo y sostener la recuperación industrial: es un objetivo al que nadie se opone. Pero los aranceles sobre el comercio exterior para sustentar el superávit primario y las circunstanciales vedas exportadoras provocan problemas tales como la afectación de la rentabilidad en algunos sectores agropecuarios, la transferencia de rentabilidad a otros sectores de la economía y la presión sobre los precios internos.>
A ello se suma la expansión de la masa monetaria para comprar los dólares que liquidan los exportadores, lo que aumenta la inquietud inflacionaria. Las cuentas fiscales están bien resguardadas, pero los bolsillos de los argentinos productores o consumidores no pueden decir lo mismo en todos los casos.>
La falta de diálogo del gobierno con algunos sectores ahora comienza a ser un problema de comunicación dentro mismo del gabinete nacional. El secretario de Comercio, Guillermo Moreno, estaría dispuesto a avanzar con un esquema de dólar diferenciado que garantice la provisión interna de los argentinos con un esquema de costos pesificado, y que permita exportar con los beneficios diseñados a partir del tipo de cambio que sostiene el gobierno.>
El esquema puede tener varias fórmulas de aplicación más o menos efectivas, pero ha comenzado a generar el resquemor desde el Ministerio de Economía. Es que los riesgos que supone la propuesta pueden verificarse en los fallidos intentos del pasado.>
En todo caso, la disputa interna en torno del Ejecutivo traduce una falencia en la arquitectura del poder. El voluntarismo debe reconvertirse hacia un esquema en el que los acuerdos de precios sean acuerdos para el desarrollo de una economía sustentable, y eso no se logra sugiriendo precios ni imponiendo vedas y subsidios; hace falta una presidencia que ejerza el poder, pero también una política de diálogo y consensos que lo legitimen.>