Al margen de la crónica
Con custodia para controlar

Las leyes, nos gusten o no, hay que cumplirlas. Sin embargo, en la calle es frecuente observar cómo se infringen las normas de tránsito: se estaciona donde está prohibido, se cruzan los semáforos en rojo, nadie respeta la prioridad del peatón -ni siquiera al cruzar calle San Martín-, los motociclistas no llevan el casco y pocos automovilistas usan el cinturón de seguridad. Predomina la prepotencia al volante, poniendo en riesgo la vida de terceros y la propia.

Aunque desde hace unos meses, los operativos se han desplazado también a la zona norte de la ciudad, la mayor cantidad de inspectores se concentra en el microcentro. Por este motivo, al trasponer bulevar los taxistas se apuran a ponerse el cinturón y nunca falta el conductor que, tras mirar hacia a un lado y otro y no ver ningún "zorro" escondido detrás de un árbol, pasa en rojo o estaciona el auto donde no se debe, pero con balizas. Así, todos aportan al caos, intentando que no los vean para evitar sanciones.>

A tal punto llega la falta de respeto, que los inspectores deben realizar los operativos acompañados por personal policial. Es que, cada vez con más frecuencia, ciudadanos enardecidos por ser demorados o porque les retienen su vehículo por no llevar la documentación correspondiente, agreden a los agentes, no sólo verbalmente sino también a los golpes. Y esto es, al menos, ridículo.>

Se supone que quien porta licencia para conducir ha rendido un examen, conoce las normas de tránsito, y las acepta desde el momento en que se sienta detrás del volante. Y, les guste o no a los ciudadanos, los inspectores de tránsito son los encargados de hacerlas cumplir. Sería importante que todos entendieran que al respetar las normas se aporta a mejorar la convivencia ciudadana.>