María Peña (EFE)
La construcción del muro de seguridad que separa a Israel de Cisjordania ha disminuido los ataques terroristas, pero a la vez ha aumentado el odio y el pesimismo en la búsqueda de una paz duradera.
Para muchos israelíes, el muro, cuya construcción comenzó en mayo de 2002, es un mal necesario que, según el Ministerio de Asuntos Exteriores israelí, ha reducido la violencia en los últimos años de forma drástica.>
"Es algo que verdaderamente nadie quiere, pero el pueblo israelí prácticamente exigió que su gobierno hiciera algo" para contener la escalada de violencia, dijo Isabel Kershner, autora del libro "The Barrier" ("La barrera de contención") y que, en su condición de periodista, se desplaza sin trabas de uno a otro lado del muro.>
"Todos recuerdan el atentado suicida en la ruta 14 y exigen seguridad", recalcó Kershner, al recordar el ataque palestino que en agosto de 2003 se cobró la vida de mujeres, ancianos y niños, tanto árabes como judíos.>
En cambio, los palestinos lo ven como un obstáculo a su supervivencia. "El muro sólo ha aumentado el odio contra los israelíes", subraya Jaber Jamsoon, un palestino que vive en El-Azariya, en las cercanías de Jerusalén.>
Esta localidad -en su extremo sur- se encuentra literalmente cortada por bloques de hormigón de ocho metros y desconectada así de la Ciudad Santa.>
"Ellos (los israelíes) nos quieren asfixiar. No todos somos extremistas, queremos paz", agregó Jamsoon, tras lamentar que "muchos estamos atrapados entre grupos extremistas de ambos lados".>
El gobierno israelí asegura que el muro -el proyecto más costoso y controvertido en la historia del país- es una solución temporal para frenar la violencia y que las fronteras políticas se definirán en un eventual acuerdo de paz.>
Cerca del 70 por ciento de la población israelí y el 80 por ciento de su base industrial se encuentran en las llanuras costeras que colindan con Cisjordania, de donde provenían la mayoría de los ataques suicidas.>
Muchos palestinos responden que las medidas de seguridad, como el cerco o los puestos de control, los han convertido en virtuales prisioneros, confinados en su propio territorio.>
El muro separa, por ejemplo, a los palestinos que viven en Jerusalén -lugar sagrado para las tres religiones monoteístas- de familiares, negocios o trabajos en Belén o Ramalá.>
"A los Estados Unidos, los océanos le sirven de escudo contra posibles enemigos, pero aquí, la cercanía y la posibilidad de tensiones son factores importantes", explicó el historiador Avi Ben Hur, durante un recorrido por varios sectores del muro.>
Tal como ha sido planteado, el muro tendrá una vez completado, un costo aproximado de 2.000 millones de dólares y se extenderá a lo largo de unos 643 kilómetros, mediante una combinación de vallas electrónicas, muros de hormigón, alambradas y equipos de vigilancia.>
El Tribunal Internacional de Justicia de La Haya declaró en 2004 ilegal el muro y exigió a Israel su desmantelamiento y el pago de compensaciones a los afectados.>
Tras un dictamen del Tribunal Supremo israelí, alrededor de 44 garitas se han construido para facilitar, en determinados horarios, el paso de agricultores palestinos hacia sus tierras, que han quedado en el lado de Israel.>
En el puesto de control militar de Belén, el cruce hacia Jerusalén lleva tan sólo algunos minutos, siempre y cuando los palestinos tengan los debidos permisos y se sometan a una inspección con detectores de metal y máquinas de rayos X.>
La incomodidad de las revisiones de seguridad en Israel forma parte de la realidad cotidiana no sólo en los puestos de control fronterizos sino también en centros comerciales, restaurantes y otros sitios públicos.>
El muro, que serpentea sobre valles y colinas, varía su recorrido ateniéndose a la topografía, al riesgo de la seguridad, o para dejar del lado israelí a grandes bloques de población judía, es criticado por grupos pro derechos humanos, que aseguran que sólo profundiza el odio entre los palestinos.>