Desde hace algunas semanas, es frecuente ver en la mayoría de los espacios verdes de la ciudad, una insoslayable cartelería. Extensas láminas metálicas con un detalle resumido de lo que allí se prevé hacer, el monto de lo que se piensa invertir, y el organismo generador de los fondos (generalmente, el Ministerio de Infraestructura de la Nación).
Se trata, como ya se ha anunciado, de un programa para mejorar y reparar las plazas de la ciudad. Eso es loable, sobre todo, si el plan logra llegar realmente a los pulmones verdes de la mayoría de los barrios que, a decir verdad, por el descuido y abandono, poco tienen ya de pulmones recreativos.>
No hay dudas de que el estado de los espacios públicos habla de su gente. Y que su preservación, mantenimiento o renovación redunda en un embellecimiento para la ciudad, motivan el esparcimiento y recrean la visión.>
Sin embargo, al tropezar con los amplios carteles enunciativos, muchos de ellos instalados en lugares céntricos, surgen algunas reflexiones. Primero: �realmente todos ameritan tal remodelación? Algunos de esos paseos, no hace ni una década que también fueron reformados y sometidos a proyectos arquitectónicos "innovadores"; la plaza de Las Dos Culturas es un caso. Segundo: �son éstas realmente las prioridades de la ciudad?>
Intentar situarse en el lugar del otro es siempre un buen ejercicio. �Qué pensará, por ejemplo, parado frente a tal cartelería, el vecino en cuyo barrio no funciona el alumbrado público; o aquel que no tiene asfalto o mejorado, o el que lo tiene pero no puede transitar por la sucesión de baches?>
Es noble embellecer plazas, pero es de sentido común pensar antes en cómo garantizar una vida digna a los ciudadanos. Cuando eso suceda, más que ante el sentido común estaremos frente al "buen sentido". >