Ruinoso

Ése fue el estado en el que quedaron muchos vecinos de la Costanera luego de no poder dormir durante toda la noche, producto del altísimo volumen de la música acompañada cada tanto con una estridente sirena que provenía del boliche a cielo abierto Las Ruinas de la Costa.

Hasta pasadas las 7 de la mañana, a pocas cuadras de la propia casa del intendente Martín Balbarrey y teniendo como escenario natural los preocupantes efectos de la gran crecida de la laguna Setúbal, nada impidió que los dueños del boliche bailable hicieran su negocio a costa de la violada tranquilidad de quienes pretendían descansar.>

De hecho, un emprendimiento de este tipo no debería estar autorizado a funcionar, ya que, como es evidente, no cumple con ninguna medida de insonorización que evite la propagación de la música a toda potencia y que llegue hasta la zona residencial de enfrente. O por lo menos, debería ser severamente sancionado cuando produce hechos lamentables como el de anoche, que no fue el único durante esta temporada de verano que ya termina.>

Pero nada pasa, y como ya es costumbre, algunos, que lucran con la noche parecerían tener una velada protección que les permite hacer lo que se les antoja, mientras que el sentido común y el cumplimiento de las normas se les exige sólo al resto de los ciudadanos.>

El negocio de algunos y la diversión de unos pocos, a veces justificados por el hecho de que, supuestamente, generan fondos para fundaciones o entidades de bien público, no pueden terminar siendo el suplicio de muchos a los que, a la manera de moderna tortura, no se les permite dormir ni descansar.>

Como todo fin de temporada en la Costanera Este, probablemente se escuchen promesas oficiales sobre nuevas y rígidas medidas correctivas para la que viene. Pero seguramente apenas empiece un nuevo verano, como siempre, todo volverá a la "normalidad".>