La polifonía del lenguaje (la posibilidad de que una misma expresión abra múltiples interpretaciones) es una condición de la experiencia humana insalvable (por suerte), y que los especialistas se han dedicado a estudiar profusamente.
En nuestro caso, la crecida del río Paraná ha generado las más disímiles afirmaciones, opiniones y debates. Los temas han sido diversos: la posibilidad (o no) de realizar pronósticos ciertos, el rol de los técnicos, las interminables lluvias, la necesidad de comunicar a la población en tiempo y forma el modo en que sucederán los acontecimientos, entre otros.>
Al respecto, un detalle por lo menos llamativo en el paisaje urbano local de estos días lo configuran las personas "afectadas" por el "fenómeno" natural. Y aquí van los términos que aparecen utilizados en sinonimia para designarlos: "evacuados", "relocalizados", "trasladados", "realojados", "radicados en lugares sin protección del anillo defensivo", "contenidos por el operativo de gestión de riesgo", "los que permanecen en los pabellones comunitarios", etc.>
Por lo hecho hasta el momento, es curioso apreciar lo que se considera aquí "gestión del riesgo": todo indica que el objetivo es, simplemente, sacar a las personas del charco de agua, bajo cualquier condición y circunstancia. Aunque sea en casillas de metal, convertidas en calderas al sol y en heladeras si refresca, con la inseguridad (sobre todo para los chicos) de "ubicarlos" a metros de la ruta 168.>
Aunque el lenguaje es abierto, no hay margen en este caso para libres interpretaciones: la gestión del riesgo es mucho más que poner y sacar gente de lugar.>
La teoría dice que la institución de sentidos es una operación histórica (no es la misma en cualquier momento ni en cualquier lugar), precaria por definición (siempre se modifica), pero necesaria (bajo determinadas circunstancias, no puede interpretarse cualquier cosa).>
La dignidad humana no amerita debates, como tampoco el hecho de que es el Estado quien debe promover acciones para poder garantizarla.>