Es el momento de hacer un balance sereno y con cifras verificables. Con más de cuatro años consecutivos de crecimiento del PIB, superávit fiscal, balance de pagos positivo y descenso de la desocupación, encontrar períodos similares nos llevaría a remontarnos a la época del virreynato.
El año que finalizó marcó un crecimiento del 8,5 % del Producto Interno Bruto, el balance comercial superó los 12.600 millones de dólares y el superávit fiscal fue del 3,6 %. Además, las reservas del país ascendían a fin de año a los 33.000 millones de dólares.>
Todo ello garantiza un piso muy importante para el año en curso, por lo que cabe esperar un comportamiento similar en todas las variables.>
No caben dudas. Es inédito para la costumbre argentina. Vamos camino a cinco años sin nuestras tradicionales y puntuales crisis de inestabilidad macroeconómica y desequilibrios fiscales, monetarios y externos.>
Además, se comienzan a solucionar temas de "vieja data", tales como la deuda con España, el sistema previsional, obras públicas postergadas durante años, blanqueo del trabajo en negro, recuperación del salario, aumento del consumo, impulso a las escuelas técnicas, gasoductos, autopistas, trenes, viviendas, acueductos, etc.>
Contrariamente a lo que padecimos en los 90, se practican políticas de corte keynesiano, lo que supone un Estado activo y orientador, distante del paradigma neoliberal de que el mercado lo arregla todo.>
Como viene sucediendo, una vez más la realidad se encarga de desmentir a los profetas del fin de la historia. Ya nadie se acuerda -ni ellos mismos- de los pronósticos agoreros con que advertían que si no pactábamos con el Fondo Monetario nos "saldríamos del mundo", volvería la recesión y la cesación de pagos y el aislamiento. Luego, la "cantinela" siguió con que había que "enfriar" la economía, "bajar" el dólar, subir impuestos, o sea, volver a la bicicleta financiera. En los últimos tiempos, el "coro neoliberal" vaticinó con "seguridad" el "colapso energético" que provocaría el derrumbe de la industria o que el "campo" dejaría de producir por "culpa de las retenciones". Ni una cosa ni la otra. No hubo quiebre energético y los que trabajan y producen en el campo argentino lo siguen haciendo, cada vez mejor en calidad, tecnología y cantidad.
A partir de cómo viene consolidándose la economía los últimos cinco años creemos que no debe desaprovecharse la oportunidad para promover los cambios necesarios en objetivos de carácter estructural: reforma tributaria, inversiones en los sectores fundamentales y una planificada inserción internacional. También deberá prestarse atención muy especial a la intervención del Estado en temas como la política de subsidios, los mecanismos para controlar precios y los ajustes salariales.
Pero queda claro que ahora hablamos de temas que hacen a consolidar la Nación. La preocupación es tener más energía para atender la demanda que crece día a día, más dragado y puertos modernos para bajar costos en la exportación de volúmenes impensados hace poco tiempo, más producción para atender un mercado interno creciente, más y mejores rutas, trenes e infraestructura para recibir un turismo creciente, escuelas técnicas para abastecer de torneros, matriceros, soldadores, electricistas y todo tipo de operarios calificados a las Pymes, o sea, trabajo argentino para el desarrollo nacional.>
Hay que seguir profundizando las reformas, escuchando y dialogando con todos los sectores, modificando lo que sea necesario, pero con el timón firme en el ansiado anhelo de una Patria justa, equitativa e inclusiva de todos sus habitantes.>