Mundo Pyme
No todas son flores
Es alentador el informe del Indec difundido la semana pasada, dando cuenta de un crecimiento de 6,5 por ciento de la industria en el primer bimestre de 2007. Pero, en paralelo, existen en el sector fallas estructurales sobre las que es necesario concentrarse. No se trata de enfriar el entusiasmo, sino de que éste sea sostenible.

Lo primero a tener en cuenta en el reciente informe del Indec es que el crecimiento industrial se basa fundamentalmente en el sector automotor y en rubros relacionados con la construcción. En el primer caso, se trata de una gran industria que, es cierto, ejerce tracción sobre las Pymes autopartistas. Pero el dato que no debe barrerse bajo la alfombra es que las importación de autopartes creció 28,8 por ciento durante 2006, para alcanzar los 5.638 millones de dólares.

Durante el mismo período, el sector nacional facturó cerca de 4.500 millones de igual moneda, de los cuales 2.000 provinieron de la exportación. Dicho de otro modo: hoy por hoy, el mercado autopartista argentino está ocupado en 44 por ciento por la industria nacional y en 56 por ciento por la industria extranjera. Se estima que durante 2007 las importaciones crecerán entre 28 y 30 por ciento.>

Para la provincia de Santa Fe modificar esta estructura de mercado es importante, ya que cuenta con 4 polos autopartistas, instalados en Rosario, Rafaela, Venado Tuerto y la capital. Desde hace tiempo, los empresarios del sector vienen reclamando ajustes que pasan, entre otras cosas, por una política oficial que permita incrementar la provisión de partes nacionales a las terminales automotrices. Una herramienta para lograrlo es que el gobierno mejore el régimen de reintegros a aquellas que utilicen preferentemente autopartes de industria argentina.>

Por ahora no existe un lobby autopartista en la provincia; no obstante, si existiese, lo primero que diría es que exportar es buen negocio, pero que igualmente lo es -y con menor esfuerzo- tener mayor participación en el mercado nacional. La calidad de los productos no puede discutirse: son de nivel mundial y por eso se exportan.>

Visión Pyme

Cuando el Indec reporta sus encuestas, lo hace a partir de todo el conjunto industrial, incluyendo empresas de todo tamaño. Esta metodología no es cuestionable, pero no hunde el bisturí en el comportamiento específico de las Pymes, que en el actual modelo económico son un eje principal, tanto por su aporte productivo como por ser intensas generadoras de empleo.

Por eso es prudente repasar el último informe del Observatorio Pyme de la Unión Industrial Argentina (UIA), donde algunos números difieren de los aportados por el Indec. No se trata de contraponerlos, sino de profundizar la visión Pyme.>

Producción

Uno de esos números se refiere a la utilización de la capacidad instalada, que para el Observatorio alcanza a 79,6 por ciento (según el Indec, 74,1), lo que pone a las Pymes industriales muy cerca de la saturación. La lógica indica que se deben incrementar bienes de capital previendo mayor demanda, pero el sector -hablando claro- huye del financiamiento bancario.

El alejamiento de las Pymes del crédito bancario resulta en que más de 75 por ciento de la inversión del sector se realiza con recursos propios. La duda es hasta cuándo la rentabilidad de esas empresas permitirá su propio financiamiento. Son varios los analistas que advierten que, si no se propician políticas correctivas, a mediados de 2008 puede producirse un cuello de botella en la capacidad productiva.>

Un adelanto de esos inconvenientes puede aflorar tempranamente en 2007, aunque por otros motivos. La demanda continúa creciendo y las empresas tratarán de poner operativo ese 20 por ciento de capacidad que ahora está ociosa. Las dificultades podrían surgir con la escasez de operarios, tanto porque el índice de desocupación está disminuyendo como por el déficit de educación técnica de quienes todavía están fuera del mercado laboral.>

Problemas

A fines de 2006, los empresarios Pyme identificaron una vez más el aumento de los costos directos de producción como la principal preocupación. Según la encuesta del Observatorio, la variación interanual de ese ítem alcanzó un rango de 38 por ciento, respondiendo al crecimiento de los precios internacionales de los insumos y al incremento de los salarios.

Como consecuencia de esos aumentos, la rentabilidad de las empresas continúa disminuyendo y ésa es la segunda preocupación, en orden de importancia, de las Pymes industriales. Durante 2006, las empresas ajustaron los precios de sus principales productos en 15 por ciento promedio -en línea con la inflación interna-; no obstante, aun así, la rentabilidad cayó 18 por ciento.>

La respuesta Pyme sigue siendo incrementar la cantidad de unidades físicas producidas, para equilibrar -con volumen de ventas- la caída de la rentabilidad. Pero esa estrategia tiene un límite a breve plazo: cuando se sature el actual 20 por ciento de capacidad ociosa, no habrá forma de aumentar la producción.>

Diferencias

Se les dice a todas Pymes, como un sector unitario, pero el término comienza a no reflejar la realidad. Los problemas de las pequeñas empresas no son iguales a los de la medianas, aunque existan puntos en común.

En el informe del Observatorio de la UIA, su director, Vicente Donato, reflexiona que, a pesar del excelente desempeño registrado por las Pymes, el rasgo más destacable y novedoso de 2006 fue la notable diferenciación en los ritmos de crecimiento entre las industrias más grandes y las más pequeñas. Mientras las empresas con menos de 50 empleados casi no aumentaron la ocupación, las empresas medianas (entre 50 y 200 ocupados) y las más grandes lo hicieron a ritmos de entre 6 y 8 por ciento.>

Otros indicadores señalados por Donato son: las empresas industriales con menos de 50 ocupados informan sobre un menor crecimiento de los precios de sus productos, mayor alza en sus costos de producción y menor nivel de utilización de la capacidad instalada que sus colegas de mayor tamaño. La consecuencia es que también las expectativas sobre el futuro son menos optimistas entre las industrias menores.>

Cuando, hace unos meses, la Corte Suprema de Justicia dictaminó sobre la pesificación de los depósitos en dólares, Carlos Galán, actual presidente de la Unión Industrial de Santa Fe, hizo, durante una charla privada, un cálculo rápido: "Si la paridad con el dólar de la época del 1 x 1 pasa por fijar una base de 1,40 pesos y, luego, sumarle el coeficiente del CER más 4 por ciento de interés, el dólar actual a 3 pesos no está tan caro y no es tan competitivo".>

El cálculo de Galán entra en consonancia con una expresión de Donato, para quien "podría comenzar a pensarse que, para el segmento de las empresas más pequeñas, el oxígeno proporcionado por la devaluación de la moneda ya no parece suficiente para seguir creciendo".>

La conclusión es de manual: las pequeñas empresas del sector industrial están necesitando ahora mismo de instrumentos diferenciados que mejoren su competitividad. Podría argumentarse que, debido a sus propias limitaciones (por ejemplo, una visión arcaica y no profesionalizada de su rol), estas firmas son inviables, o que no están en condiciones de competir y que el darwinismo del mercado las saca del juego. Es posible. Pero primero hay que demostrarlo poniendo en juego, para evitarlo, todas las instancias que sí son viables. Y ésa es una responsabilidad del modelo.>

Félix Canale