Pese a que fueron relocalizadas en mayo de 2005
Varias familias volvieron a La Tablada
Las características del lugar y las posibilidades que brinda constituyen los motivos por los que varias familias decidieron volver a La Tablada. A pesar del recuerdo de la inundación y de que fueron beneficiadas con una vivienda, son 76 las personas que regresaron.

Era marzo de 2003 cuando el río Salado los sorprendió y debieron salir de sus casas. El agua, cuentan ahora, había arrasado con todo y les quitaba, además de pertenencias y recuerdos, lo más preciado que podían tener: el calor del hogar. Sin embargo, a cuatro años de que la ciudad comenzara a tener los primeros evacuados, ya que La Tablada fue uno de los primeros barrios en inundarse, muchos enfrentaron el desafío de volver.

Cabe destacar que el 6 de mayo de 2005 se inauguró, sobre Teniente Loza al 6900, La Nueva Tablada; barrio que por objetivo tuvo la relocalización de las familias que padecieron la inundación para desafectar la vulnerable zona de La Tablada. En aquella oportunidad fueron 65 las viviendas inauguradas; hasta que el 15 de octubre, la entrega de otras 35 unidades habitacionales completó el plan de 100 viviendas edificadas para tal fin.>

La avenida Teniente Loza, hacia el oeste, culmina en el ex frigorífico municipal para luego abrirse un camino de tierra irregular que desemboca en La Tablada.>

Entre árboles añosos, ladrillerías en pleno funcionamiento y un Salado que transmite paz, se pudo comprobar que son varias, aunque no la totalidad, las familias que volvieron a vivir al lugar que alguna vez tuvieron que dejar de apuros. Y para conocerlas, pero sobre todo para saber el motivo por el que regresaron, El Litoral dialogó con algunas de ellas.>

De regreso a casa

Guadalupe Franco, conocida como "la Lupe" o "la Gringa", y Raúl Pedro Steinike, "el Alemán", viven desde hace 19 años en La Tablada y, dicen, estuvieron entre los primeros en regresar, luego de la inundación. Es que, en sus palabras, "cómo no volver al lugar que elegimos para envejecer".

La casa de esta pareja es de material y, a diferencia de la que recibieron para ser relocalizados, cuenta con grandes dimensiones; lo que, aseguran, influyó a la hora de volver.>

"Cuando nos entró el agua, en el mes de marzo y no en abril como se generaliza, estuvimos tres días arriba de una canoa y agarrados de los tirantes del techo. Pese a que no teníamos comida ni luz, no nos queríamos ir. Hasta que llegó mi hijo y nos obligó a salir", contó Guadalupe. Y agregó: "Fue muy duro lo que vivimos. Imaginate que perdimos más de 30 perros y solamente pudimos salvar a Nerón y a Chiquita".>

Consultado sobre el motivo del regreso, ya que fueron beneficiados con una vivienda en La Nueva Tablada, "el Alemán" señaló que la tranquilidad que ofrece el lugar, dado que "no existe el barullo urbano", así como la posibilidad de criar animales, de pescar y de tener plantaciones fue, pese al mal recuerdo de la inundación, lo que incidió en la decisión de volver.>

"Dolió regresar y ver que todo estaba destruido. Y eso es lo peor que hay. Pero por otro lado, este lugar nos ofrece una vida muy diferente a la que teníamos en La Nueva Tablada", precisó el hombre.>

Quienes regresaron a La Tablada -76 personas de acuerdo con un relevamiento realizado por agentes sanitarios del Hospital Psiquiátrico Mira y López- dicen ser conscientes de estar fuera del anillo de defensa. Sin embargo, y aunque el mal recuerdo sigue estando presente, se muestran contentos de haber regresado y aseguran no tener miedo.>

Sólo de paso

En La Tablada funcionan varias ladrillerías que aprovechan el suelo arcilloso de la zona para elaborar ladrillos. Y en una de ellas, El Litoral encontró a los trabajadores Alejandro Luna, Carlos Aguilar y Héctor Ojeda; quienes al llegar la noche regresan a sus respectivos hogares de La Nueva Tablada.

Luego de un largo silencio y con los ojos llorosos, el primero de los hombres reconoció "no querer volver nunca más al lugar donde perdió todo". Y en la justificación admitió que el recuerdo le hace mucho mal.>

Carlos Aguilar, por su parte, señaló estar dispuesto a volver. "Si es por el recuerdo... yo ya asumí lo que pasó. Es que vivo al lado del polideportivo y cada vez que llueve, mi casa se inunda", dijo. Y añadió: "La casilla de madera donde vivía se destruyó con el agua y es por eso que no regreso. Pero de poder hacerlo... regresaría porque acá uno tiene asegurado vivir 100 años".>

Por último, entre las callecitas irregulares de tierra que conforman el barrio, muchas de las viviendas de La Tablada que resistieron a la inundación fueron ocupadas por sus habitantes; quienes, frente al desafío de volver, siguen teniendo presente las huellas del Salado.>

Entre calles irregulares, La Tablada

La Tablada no es un barrio diseñado como tal sino que, según contó Guadalupe Franco, comenzó a formarse hace 19 años cuando "todo era monte" y empezaron a llegar las primeras familias para trabajar en los hornos de ladrillo que existían en la zona.

"Fui una de las fundadoras, por decirlo de alguna manera, del barrio. Es que la gente venía a mi domicilio y yo le decía, para mantener un cierto ordenamiento en las calles, dónde debía instalarse", manifestó la mujer. Y agregó que así nació La Tablada, nombre que adoptó por su cercanía con el ex Mercado de Hacienda de nuestra ciudad.

Cabe destacar que en este Mercado, como en todos los de abasto, funcionaba una comisaría de "tablada" que era la que expedía toda la documentación que permitía movilizar la hacienda.

De recorrida

Tres agentes sanitarios, un ayudante y un médico del Hospital Psiquiátrico Mira y López caminaban la zona cuando El Litoral llegó a La Tablada. Consultados, dijeron "que con frecuencia visitan todas las casas" y que realizan tareas vinculadas a la atención primaria de la salud.

"Actualmente, hay 76 personas viviendo acá, que proceden del barrio donde fueron relocalizadas. Además, hay quienes vienen a trabajar en los hornos pero que después se van", manifestó la agente sanitaria Nilda Miranda.

El doctor Mario García, por su parte, destacó que un psicólogo concurre todos los jueves al lugar para atender a quienes regresaron y que en ellos "es evidente que el recuerdo está presente".

Mónica Ritacca