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Los sindicatos están reclamando, en general, un aumento de 20 por ciento, mientras varios empresarios pretenden plantarse en alrededor de la mitad, tomando como parámetro la inflación del año pasado y el todavía temprano cálculo para 2007, y el gobierno se coloca en un lugar equidistante, auspiciando hasta un 15 por ciento.
Si se colocan en un contexto de relativa normalidad, las cifras que enarbolan unos y otros no implicarían una brecha insalvable. Pero la discusión se torna áspera y la incógnita se instala en la mesa cuando abruman las dudas sobre el comportamiento de los precios en el futuro inmediato y las estadísticas sobre la inflación están teñidas de sospecha de manipulación.>
Por eso hay quienes, desde el sector gremial, promueven volver a viejos mecanismos de épocas en las que el aumento del costo de vida hacía estragos, auspiciando cláusulas "gatillo", o sea, recuperación automática de los salarios, en caso de una disparada inflacionaria.>
También hay otro andarivel por el cual circulan los que pretenden volver a sentarse a negociar en los próximos meses, por ejemplo, a mitad de año, para hacer una revisión del panorama y, eventualmente, debatir otra mejora.>
Pero el gobierno quiere tener todo cerrado para esa época y poder desandar el camino hacia las elecciones sin tropiezos, o sea, sin conflictos sindicales. Por ello, la administración de Néstor Kirchner está dispuesta a hacer todos los esfuerzos, inclusive, llegado el extremo, a laudar, en caso de una trabazón importante en las paritarias testigo, como podría ser la de la UOM.>
Claro que, en este caso, aunque la negociación está complicada, aún no están abortadas las vías de solución y se podrían contemplar alternativas como la rediscusión de categorías o los aumentos escalonados. Pero todo esto se verá con más claridad en los próximos días, cuando el sector retome las tratativas formalmente.>
El gobierno tiene esperanzas de que las cosas no se salgan de carril, sobre todo ante la noticia de que algunas actividades están cerrando acuerdos en torno al porcentaje auspiciado desde la Casa Rosada. Además, la tarea oficial se complementa con otras movidas de carácter absolutamente político, como la audiencia que el presidente Kirchner brindó al dirigente de Luz y Fuerza y uno de los referentes del grupo de los "gordos", Oscar Lescano.>
Junto a Kirchner y Lescano estuvo uno de los hombres más poderosos del gobierno, cuya cartera tiene que ver con la actividad del sector representado por el sindicalista: el ministro de Planificación Federal e Infraestructura, Julio de Vido.>
La conversación giró en torno a varios temas, desde salarios hasta inversiones y distribución de la riqueza. Sin embargo, el valor del encuentro fue la foto, todo un mensaje hacia otros dirigentes y sectores sindicales, en particular, el mandamás de la CGT, Hugo Moyano, y el mundo político, pero, esencialmente, al peronismo. Kirchner se está garantizando la fidelidad de los hombres que pueden trabajar y poner el "aparato" en pos de su proyecto, y en este caso, se quedó con el trofeo de la promesa de apoyo sin cortapisas a Daniel Scioli en la provincia de Buenos Aires. La pasada de Lescano por Balcarce 50 -que en otras ocasiones se había frustrado, por ejemplo, por la difusión previa de la audiencia- significa que los "gordos" también están, al menos hasta las elecciones, prodigándose mutuo cobijo con el jefe del Estado.>
Pero mientras, con sus vaivenes, siguen su curso las paritarias y los escarceos políticos, de cara a los comicios fundamentales para Kirchner y su proyecto, otras variables siguen causando pesar en la sociedad.>
Junto con las renovadas cifras de crecimiento de la economía, se confirmó que al menos un cuarto de la población está morando en las catacumbas de la pobreza y la indigencia, y que casi la mitad de los asalariados trabaja en negro, sin ningún tipo de cobertura social.>
Más allá de alquimias estadísticas y de la arbitrariedad de establecer con diferencias de centavos los límites entre habitantes con necesidades satisfechas, los pobres y los indigentes, o de considerar ocupados a quienes cobran subsidios sustancialmente inferiores al salario mínimo, vital y móvil -lo cual legitima la creencia de que en la marginalidad hay muchas más personas que las que se dice-, los números oficiales son lo suficientemente escalofriantes como para reclamar que se les ponga más atención y dedicación, con suma urgencia, a esas cuestiones.>
Y así, que alguna vez termine el sino trágico de los que desbarrancan y jamás vuelven a salir de los abismos.>
Luis Tarullo (DyN)