Decepción y solidaridad

Uno de los rasgos distintivos de la inundación del año 2003 fue la amplia, generosa y desinteresada solidaridad social. Entonces, los medios de comunicación locales y nacionales ponderaron el espontáneo movimiento de solidaridad que permitió atender las necesidades elementales de los damnificados por las aguas y, de alguna manera, disimular la ausencia del Estado que se reveló ineficaz e impotente para hacerse cargo de las circunstancias.

Cuatro años después, esa solidaridad social ha disminuido notablemente. ¿Insensibilidad de los santafesinos? ¿Indiferencia ante las desgracias del prójimo? No es fácil dar una respuesta terminante a estos fenómenos sociales, porque determinados comportamientos suelen obedecer a una multiplicidad de factores. Importa, en todo caso, detectar la tendencia social y arriesgar algunas opiniones que permitan ir haciendo inteligibles estas conductas.>

En principio, es preciso señalar que la inundación del 2003 fue mucho más devastadora que la del 2007. Se sabe al respecto, que la solidaridad social suele crecer en proporción directa a la profundización de la tragedia. Este criterio es opinable, pero permite una posible interpretación, aunque está muy lejos de explicar la acción social en su totalidad.>

En general, suelen ser los sectores medios y altos los que están disponibles para brindar la solidaridad. Estos sectores que estuvieron presentes en el 2003 redujeron su participación en el 2007. Consultados al respecto, muchos señalaron que la experiencia del 2003 había sido para ellos muy ingrata. En más de un caso se quejaron del comportamiento de las víctimas y, muy en particular, de los abusos cometidos por ellas.>

En otros casos, la crítica apuntó al Estado y a los funcionarios que lo representan. Atendiendo a lo sucedido en el 2003, estos vecinos consideraron que el poder público no sólo estuvo ausente sino que luego, especuló con la solidaridad social para rehuir sus responsabilidades y obtener beneficios electorales. "Fuimos manipulados por los políticos y nuestras buenas intenciones sólo sirvieron para disimular sus faltas o ineficiencias... ahora, que se hagan cargo de lo que no hicieron o hicieron mal".>

Dirigentes de vecinales, directores de escuelas, militantes sociales en general consideraron que el Estado debía asumir sus responsabilidades y que ellos no podían -ni debían- reemplazar esa función indelegable. En el 2003, los efectos de la tragedia los empujaron en esa dirección, pero en el 2007 se observó una tendencia a no dejarse manipular.>

En otros casos, lo que predominó fue el egoísmo y los abusos. Hubo comerciantes que especularon con las necesidades de la gente, manifestaciones despectivas hacia los pobres, todo ello combinado con actitudes delictivas por parte de sectores que reclamaban su condición de inundados y aprovechaban las circunstancias para organizar piquetes con cobro de peajes o robar.>

Lo cierto es que el panorama da cuenta de una realidad marcada por señales de descomposición social y hastío político. La gente no creía ni cree en los informes oficiales, responsabiliza, quizás de una manera demasiado generalizada, a los gobiernos de lo sucedido y considera que el poder público se desentiende de su seguridad.>