Aquellos que durante estos días son víctimas de la inundación no pueden entender que desde 2003 hasta ahora no se haya aprendido nada. Todos los que fueron afectados directamente, los familiares y voluntarios perciben que la historia se vuelve a repetir.
La ciudad se vio invadida y diversas localidades del centro y sur de la provincia estuvieron muy afectadas por el agua. Las rutas intransitables impidieron la llegada de alimentos y de los afectos (amigos, familiares y conocidos), dejando aisladas a varias poblaciones. >
Para muchos, este temporal puso fin a una actividad productiva o a un emprendimiento que comenzaba a despertar con "calor de hogar" en distintas regiones de Santa Fe. Todavía falta cuantificar qué magnitud tendrán estos daños en los distintos sectores (comerciales, industriales y agropecuarios); pero, más allá de esto, varios saben que deberán bajar las persianas porque les resultará imposible volver a empezar.>
Mientras tanto hay que seguir viviendo con las pocas fuerzas que quedan porque la desolación, la desesperación, la indignación y los hechos de violencia se adueñaron de las calles. Es que a medida que pasan los días, crecen los reclamos y se recrudecen las manifestaciones en la vía pública. Nadie se salva y todo se rige en base a la ley de la selva. >
La lucha entre afectados y ciudadanos comunes -que no son los responsables de dar soluciones y tienen derecho a trasladarse y trabajar- se intensifica cada vez más y nadie sabe cuándo va a terminar. >
Una convivencia que, día a día, se torna agresiva y sólo consigue desgastar. Las esperanzas se desvanecen, los proyectos se coartan y, poco a poco, el espíritu humano se empieza a oscurecer.>
Alguien tendrá que responder; pero, quizás sea demasiado tarde porque ya no habrá más sueños por los cuales luchar y los esfuerzos que se hagan serán totalmente en vano.>