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Es extraño. Los que practicamos la palabra como oficio, nos quedamos mudos ante tanto dolor. O, peor, apelamos al distante lenguaje periodístico en procura de contar lo que muchos ya no necesitan que les cuenten, porque lo están sufriendo en carne propia. O, mejor, nos refugiamos en la sabiduría de esos seres despojados de estructuras -condicionamientos, corsés- que nos van agobiando en la adultez.
Son niños los que nos miran desde esos ojos sin velos y dibujan y preguntan. O están tristes y lo manifiestan, sin saber que son ellos los que consiguen decir lo que muchos no sabemos cómo. Son ellos los que, con sólo estar viviendo todo esto desde esa patria sin banderas que es la niñez, nos interpelan.>
Ahora mismo, desde el lugar de "adulta", me arrojo a este texto... y ahí nomás naufrago. Porque desfilan ante mi, imágenes, olores, texturas, sensaciones repulsivas que no entran en palabra alguna. Porque no hay construcción gramatical ni sintáctica ni semántica que pueda ser fiel a lo que siento, a lo que sentimos, porque hay veces que el lenguaje es una trampa y encierra en lugar de liberar. Es un cerco para las emociones.>
Y es extraño. Porque además de los chicos, son ciertos grandes "sin oficio" los que narran sin pausas, los que dicen sin pelos en la lengua, y nos acercan a lo que pasa, valiéndose de la riqueza que anida en la charla y en la potencia que acuña la bronca.>
Desde esa comunicación llana y visceral -tan inherente a los humanos- que es el diálogo coloquial, se construye el relato colectivo en los centros de evacuados, en las calles apestosas o en la intimidad de esas casas que dieron cobijo a quienes se quedaron sin techo.>
Suena extraño. Pero en estos días me costó escribir. Sentí que ese oficio que cotidianamente practicamos no era necesario. Que podíamos -que podemos- prescindir de la palabra cuando es el cuerpo el que habla y que, una vez más, el silencio es un refugio para el pensamiento y para el sentimiento, que van tan juntos aunque se los intente separar. Que el silencio grita cuando uno se permite escuchar y escucharse.>
Miseria, impotencia, imprevisión, cinismo. Absurdo. Las palabras no alcanzan.>
Ahí, están los medios masivos con la información. Aquí, las personas, poniéndole corazón a tanto sinsentido. Y en estas páginas, ciertos textos que -escritos en caliente- ayudan a poner en común la angustia y el desasosiego, pero también la potencia. La potencia de todo hombre, de toda mujer, para provocar cambios -por pequeños que sean, por íntimos que parezcan- que nos permitan un mejor estar en este mundo y un más digno pasar por esta vida.>
Vino Mary del refugio improvisado en la escuela. Tiene los ojos rojos Mary, y va formando imágenes en el aire la Mary; cuenta y cuenta mientras toma leche con tostadas a la mesa de la cocina.
Dice que la buscaron en canoa y, cuando llegaron a la "San Cayetano", los encerraron con llave, y no los dejan salir por miedo a que se metan otros y rompan, o roben, o vaya a saber qué cosas que puede hacer la gente cuando es mala y se siente impune, y afuera está el caos. Dice la Mary que no comieron desde la noche que llegaron hasta la otra noche, un día entero estuvieron sin comer, y las tripas le hacían ruido y se le quejaban.>
Cuenta la Mary que no les dan comida para los perritos, pero los perritos son la familia, también, así que de su ración come, y esconde un poco, y con eso le llena las tripitas al cuzquito que, pobrecito, también es gente o, al menos, más gente que algunos.>
Y cuenta que, si tenían frazada no les daban colchón, a pesar de que a la noche se vino el frío, y eso de estar arriba de la frazada pero sin nada para taparse no abriga, y el suelo, además de duro, estaba helado.>
Así que lo peleó la Mary al hombre, y le dieron un colchón para los cinco de la familia que se juntaron allá en el refugio. Y adónde, pregunta la Mary, adónde van los colchones que quedaron en el camión, �no? Y es la misma pregunta que hacía ella y que hacía tanta gente hace cuatro años.>
Y dice la Mary, y le da un poco de vergüenza y le cambia la voz cuando lo dice, que tienen que mentir para que les den agua caliente.>
Tienen que decir que hay un bebé y una mamadera para que les den agua caliente. Pero cómo, cómo se aguantan, sin el mate, el hambre, el frío, la angustia; cómo se comparte y atenúa, sin mate, tanto sufrimiento. Le da vergüenza decir que tiene que mentir para que les den agua caliente.>
Los baños bien, limpios, bien por suerte. Pero es una escuela, las escuelas no tienen calefón ni termotanque, hay que lavarse con el agua fría y de ducharse ni hablar, claro, lavarse un poco para ir tirando, y escuchar por ahí "estos negros mugrientos".>
A lo mejor, la heladera vuelve a andar, si la sopletean con agua y compresor como la otra vez, eso, si no estalla la puerta de entrada y las cosas se van flotando, se pierden en la calle, donde se van a juntar todos los peces muertos de la resaca. Dice que la heladera a lo mejor ande, pero no puede imaginarse la casa y la heladera, tan pesada, que flotará extrañamente como los buques de hierro y toneladas excesivas. La heladera flotando por la casa es intolerable. Cambia de tema. Mejor hablar de ahora, de acá, al futuro todavía no tiene el coraje de enfrentarlo. Ya llegará con las aguas servidas, los cimientos que ceden, el olor y la podredumbre. Otra vez, un futuro que exuda pasado de pesadilla, esas pesadillas cíclicas que cambian las leves circunstancias pero no el terror de fondo, que siempre es el mismo.>
Cuenta que la Negrita se aburre, la nena encerrada en un gran dormitorio de colchones y gentes deprimidas. Me pide un mazo de cartas para la Negrita. Todos se aburren, con la desesperación del que siente que algo urgente lo requiere, pero tiene la pesada tarea de aguardar.>
Afuera tiene que bajar el agua.>
Y la Mary cuenta, con los ojos rojos cuenta y cuenta, y no quiere más tostadas. Y mamá que le ofrece más tostadas porque, qué se puede hacer, sino ofrecer tostadas, y escuchar, y sentir. Y yo que salgo a comprar cosas. Cosas, a prepararle un bolso de cosas. Qué poco podemos hacer salvo ofrecer cosas que le faciliten un poco la jornada. Pero no está en mí el poder de hacer milagros. Le armamos con mamá unas bolsas de cosas y le deseamos buena suerte. Y nos quedamos con los relatos y los ojos rojos en la mente y en el corazón. Hasta pronto. Mejor suerte.>
Hasta pronto, Mary.>
La comunicación es un fenómeno esencial a la relación grupal de los seres vivos, por medio del cual éstos obtienen información acerca de su entorno y de otros entornos y son capaces de compartirla haciendo partícipes a otros de esa información.
Fue instantánea la presencia de evacuados en el edificio de la Escuela Beleno, donde de noche cursamos nosotros, "la comunidad del 12", y así de instantánea fue la necesidad de los alumnos de poner manos a la obra. NO es nuestro inmueble -todos saben de la lucha del edificio propio que tenemos- pero sí sentimos a la escuela como "nuestra casa". >
"Tengo siete hijos, soy de barrio Estrada. Pasé ya por esta situación en el 2003 y ahora nuevamente me encuentro en este mismo edificio, buscando un techo para refugiarme, necesito todo, ya que todo es lo que perdí". Este es tan sólo uno de los relatos que se escuchan en la Radio Abierta que los alumnos del Instituto Superior N° 12 conformamos.>
La idea surgió del Centro de Estudiantes y, rápidamente, fue acatada por gran parte de los alumnos de la institución. Así fue como el domingo 1� de abril, sacamos los parlantes y micrófonos a la puerta del edificio y llevamos a cabo la Radio Abierta.>
Buscamos comunicar, hacer oír las voces de los afectados de esta tragedia social, tomamos sus pedidos y los informamos a la comunidad. La radio abierta que generamos es netamente de servicio, recordando su primera función cuando se creó. Es un medio para entretener, informar y para que se pueda hablar libremente, sin censuras ni presiones.>
Apelamos, en cada momento, a la solidaridad de los vecinos, quienes rápidamente se acercaron a la mesa de trabajo, donde tenemos los equipos. Pero no sólo los vecinos de la zona, sino de todos los barrios.>
Sabemos de la necesidad de informarnos, de contarle al otro lo que pasa, lo que se necesita, lo que falta. Así un emisor narra y pide, y hay un receptor activo que actúa. Nosotros, los alumnos del 12, simplemente somos el medio para que la comunicación sea posible.>
La tierra se puso patas arriba y se hundió en las nubes. Arriba es como abajo. Todo agua. El lecho del cielo se juntó con el del río y navega, al azar, nuestra existencia con un timón averiado.
Nada es ya igual. �O todo es igual? El 2003, su 29 de abril fatídico, se recicló, nos arrojó el eterno retorno con el río hecho cielo.>
Perplejos, vemos el agua que cae aluvionalmente para, después, verla brotar como un vergel acuático que cubre los imprecisos horizontes, nuestros lugares, nuestros calzados. Lo que significa mi casa, mi trabajo, mis cosas.>
Y otra vez con el agua al cuello, que sube porque cae.>
POR GABRIELA REDERO