SOCIEDAD / HISTORIAS DE VIDA
Medicina para ojos y oídos
El buen uso del idioma, por Raquel Diez Rodríguez de Albornoz.

A pesar de que tiene 85 años, se entiende bastante bien con la computadora. Hace poco, su salud y su memoria se complicaron. Pero ella tiene un motor especial: su pasión por el estudio del castellano, la obsesión por su buen uso, la mirada atenta y siempre constructiva hacia aquellos textos que llegan a sus manos.

Raquel Diez Rodríguez de Albornoz está sentada sobre el sofá. Allí, al alcance de la mano, está la pila de diarios: leída, releída, marcada. Allí están los errores, esos que "lastiman los ojos" y que parecen encontrar campo fértil en las páginas escritas e impresas con tanto apuro.

"Es que el periodista trabaja con la oralidad", trata de fundamentar. Pero su indulgencia se derriba cuando llega la hora de los ejemplos.>

-El periodismo es como un...>

-Un espejo. Y eso que los periodistas hacen esfuerzos por no equivocarse. Un día, en una columna de La Nación, detecté seis errores. Y en las páginas de Deportes, ni te digo...>

Raquel no lee todos los diarios, ni todo el diario. Elige los artículos cuyos temas le interesan y prefiere los textos con firma. "Me gusta, por ejemplo, Vargas Llosa. Y de los argentinos, Tomás Eloy Martínez escribe muy bien. Jamás le encontré un error", asegura.>

Errores y mal uso de los términos fueron el disparador para que, un día, Raquel se sentara a escribir. Su obsesión se convirtió en material bibliográfico: durante veinte años, escribió para El Litoral columnas en las que abordaba las problemáticas más frecuentes del uso de la lengua. En 2003, la Cámara de Diputados de la provincia las reunió bajo el formato de libro.>

Ahora, la Real Academia Española decidió reeditar esos materiales. El resultado es "Oral y Escrito", un libro de portada sobria que Raquel recibió hace dos semanas y que conserva, reluciente, casi intacto, sobre la mesa del living.>

"Fundeu (Fundación del Español Urgente, dependiente de la RAE) está haciendo una colección especial, para ver el estado actual del español en distintos países del mundo hispanoamericano. El mío es el segundo libro que publican", explica Raquel, todavía emocionada por la noticia.>

El libro recopila 40 artículos, dos por año, sobre la base de una selección realizada por la autora. Esta nueva edición incluye un prólogo de Pedro Barcia, presidente de la Academia Argentina de Letras, y de Gustavo Vittori, integrante del Consejo de Dirección de este diario.>

Herencias

"Es un Supisiche con tonos rosados, cosa muy rara", comenta, mientras pasea la mirada por las obras de arte que ambientan la sala. Mientras observa, se detiene en algunos aspectos de su historia, allá lejos, donde la memoria sí camina a paso firme.

El estudio de la lengua le interesó desde chica. "Mi familia se preocupaba mucho por el castellano", asegura. De todos modos, no oculta su aversión hacia los adverbios. De hecho, un año rindió diez materias y se sacó nueve 10. En una sola obtuvo un 9: el tema era el adverbio.>

Raquel estudió el Profesorado de Castellano y Latín en la Escuela Normal de Paraná, en los años de oro del normalismo: los 40. "Era una época brillante: los profesores, los alumnos, el clima que se vivía. Se sentía un fervor por la literatura, por las publicaciones nuevas, por las charlas de los docentes... Era un honor participar de esas clases. Se vivía un clima de perfeccionamiento, de estudio constante", evoca.>

También estudió Francés, primero en la Alianza Francesa de Santa Fe; luego, en el Profesorado de Córdoba: en diciembre, rindió cuatro años juntos y, en el siguiente mes de marzo, se recibió.>

Manías

Su paso por el Profesorado de Paraná le valió la Medalla de Oro, que traía de la mano un premio: inmediatamente después de graduarse, fue designada como docente en el Colegio Nacional, la casa que la cobijaría durante 25 años.

"Tenía 22 años cuando empecé como profesora. Tengo muchos recuerdos de aquellos años. Yo venía cargada de las nuevas teorías lingüísticas de Paraná. Mi enseñanza era muy distinta de la de los otros colegas que daban castellano en ese momento. Se había marcado una gran diferencia entre la gramática tradicional y la renovada del estructuralismo", recuerda.>

"El estructuralismo provocó una revolución en la lingüística: cambiaba la didáctica, se le daba predominancia a la oralidad y a la corrección. Yo quedé como marginada. En ese momento, lo mío era antiguo y había que darle paso a lo nuevo, al estructuralismo.>

"Surgieron dos partidos, prácticamente. íQué lástima! Todo en este país queda dividido en dos", reflexiona.>

Raquel afirma que quería mucho a sus alumnos, pero advierte que los tenía en un puño. "Hoy salgo a la calle y me reconocen. Tenía las cuatro divisiones del 1° A, en Castellano y Latín, y algunos cursos de Literatura", explica.>

Antes de jubilarse, cuando vislumbraba que los días frente al pizarrón iban llegando a su fin, comenzó a escribir. El Litoral le publicaba las notas y los lectores le respondían con consultas. Así, a lo largo de veinte años se convirtió -aún hoy lo sigue siendo- en la fuente a la que todos recurren a la hora de las dudas.>

"Recuerdo que en los primeros textos hablé de los principales problemas de la lengua, porque Santa Fe es un lugar de mezcla de varias corrientes lingüísticas, de italianos, ingleses, franceses y españoles. Hay muchas cosas que ensuciaban la pureza del castellano y que subsisten hasta ahora", sostiene.>

Entre los problemas actuales destaca el del género de palabras como maratón. "Desde el punto de vista de la Academia, las dos formas son correctas. Pero sigue teniendo una prevalencia el, ateniéndose al origen, porque maratón en griego era masculino", dice.>

"Otro ejemplo: los santafesinos estamos muy rodeados de italianismos. Tengo colegas, excelentes alumnas de los distintos profesorados, que aún hoy te dicen: `Voy de fulano...' Es una expresión tan arraigada, y tan rechazable. A los maniáticos como yo, eso nos lastima el oído".>

Un texto para compartir

POR RAQUEL DIEZ RODRÍGUEZ DE ALBORNOZ

Este texto salió publicado el 7 de julio de 1981. Raquel lo define como uno de sus predilectos:

"Si yo tuviera el corazónel corazón que disi yo pudiera como ayerquerer sin presentir"Estas palabras van, sin duda, acompañadas de su correspondiente melodía en la mente de nuestros lectores. Muy sentimental el texto, muy al rojo vivo, como todo lo discepoliano, se nos mete hondo en el corazón y nos hace vibrar al unísono con ese "Uno" que mira pasar una nueva oportunidad de ser feliz sin atreverse a pagar el riesgo de dolor y desilusión que implica.�Y si Discépolo, en lugar de decir: "Si yo tuviera el corazón..." hubiera dicho: "Si yo tendría el corazón..." o "Si yo podría como ayer..." de acuerdo con el uso tan generalizado en la actualidad? íQué horror! Sobre todo, qué pena.La categoría de todo ese texto popular, pero tan válido, tan argentino, hubiera desmerecido de golpe, afectado por semejante vulgarismo.Es que Discépolo, en sus tangos, maneja la lengua usual coloquial reproduciendo sus particularidades fonémicas, así como usa términos del lunfardo (en "Cambalache", por ejemplo) pero su estructura sintáctica es en general sólida, castiza.En una oportunidad, no hace mucho tiempo, conversábamos con un viejo vecino de la zona rinconera, criollo formal, respetable y respetuoso a la antigua usanza, quien nos decía con toda naturalidad, refiriéndose a las andanzas de cierto paisano suyo: "Si yo hubiera sido otro, lo habría denunciado". Su sentido de la amistad, que implica lealtad, se lo había impedido, agregando: "Si yo lo hubiera visto en ese momento, le habría llamado la atención".íClaro, don Martín! "Si yo hubiera sido..." y "Si yo lo hubiera visto" porque usted es un viejo criollo que habla el castellano sin mucha escuela, pero con sana costumbre, de acuerdo con los usos tradicionales.En cambio, en la actualidad, las formas verbales terminadas en ría para establecer la condición, nos invaden por todos lados. Las escuchamos por radio, por nuestras emisoras locales: "Si habría que hacer un pronóstico...", "Si tendríamos que poner un número como calificación...". Por supuesto, se trata de comentarios de fútbol...Pero no son sólo nuestros comentaristas deportivos los acreedores al reproche. Aunque los porteños evitan en general esta construcción viciosa tan generalizada en los niveles populares de la capital, el tal "habría", o "tendríamos" o "podría" se nos aparece de pronto en boca de un comentarista político de la importancia de Bernardo Neustadt en sus audiciones matinales por Radio Mitre. La última vez que lo registramos con toda claridad fue el pasado miércoles 2 de julio a las 8 de la mañana, cuando refiriéndose al hecho comprobado de que nunca un gran periodista ha sido merecedor de una tapa de revista, citó los nombres de los conductores y responsables de "Realidad 81", "Buenas noches Argentina", "60 minutos" -modestamente, no se propuso él mismo- y remató su observación con esta frase, del estilo de las que acostumbra usar como alfilerazos que deja clavados en la mente de los escuchas: "Este tema, si lo manejaría una vedette, �qué haría?". Era evidente su intención de connotar que en el mundo de los periodistas puede haber envidias tan feroces como en el de las estrellas del espectáculo frívolo. "Si lo manejaría...", en lugar de "si lo manejara...", como lo exige la correcta sintaxis, íy en boca de Neustadt! �Cómo no queremos que esta grave incorrección se difunda y se arraigue?Este rasgo vulgar que hoy señalamos puede parecer a muchos no demasiado grave; pero lo es, y en grado sumo. Son muy serias las consecuencias de los errores sintácticos. Podemos vestir nuestra lengua con los términos usuales en nuestro país o en nuestro medio, incluso podemos hablarla con las particularidades fonémicas de nuestra región; pero todos estos rasgos dialectales, siempre que no sean excesivos, sólo le habrán dado color local a nuestra habla sin llegar a escindir la necesaria y deseable unidad idiomática. Pero si rompemos la estructura del edificio de nuestra lengua con construcciones viciosas, con errores sintácticos de la naturaleza del que comentamos, estaremos afectando su estabilidad, ya que sin darnos cuenta, puede caer fragmentada en múltiples dialectos nuevos, incomprensibles entre sí, irreconciliables.

textos de revista Nosotros.