La Iglesia apuesta al diálogo

La Iglesia prevé agotar todas las instancias a su alcance para atemperar el conflicto social en las provincias, e inclusive evalúa prestar el ámbito para un diálogo "sensato, racional y equilibrado" que evite nuevas situaciones violentas.

La postura eclesiástica tomó fuerza tras la efervescencia social por la muerte del docente neuquino Carlos Fuentealba y en momentos en que el corte de ruta como forma de reclamo sistemático es cuestionado o al menos puesto en duda. Salta, Santa Cruz y Neuquén son apenas tres provincias donde los obispos debieron realizar gestiones de buenos oficios frente a situaciones de crisis extrema.>

Se trata de un panorama interior que, a nivel nacional, también se enrarece con negociaciones por reivindicaciones salariales y laborales; y que, al entender eclesiástico, recién logran destrabarse después de un paro "apresurado" o una convocatoria a conciliación obligatoria "tardía".>

Pero esa intención mediadora -advierten obispos consultados- choca con reparos de sectores gremiales y gubernamentales poco flexibles a una intervención de la Iglesia, tal como lo reconoció esta semana el vicepresidente segundo del Episcopado, monseñor Agustín Radrizzani. "No sé si es porque no quieren la paz o porque no les parece que la Iglesia sea el actor adecuado", reflexionó el prelado.>

Los obispos infieren sin embargo que la raíz del conflicto es estructural, fruto del ensanchamiento de la brecha entre ricos y pobres y la falta de políticas de Estado para contener a millones de excluidos del sistema económico.>

También consideran que la idea de "modelo político único" que baja a la sociedad impide el diálogo entre actores sociales, ya sea porque hacen una lectura desde el éxito macroeconómico, están encerrados en la campaña electoral o "miran para otro lado" cuando el reclamo de la gente llega hasta los despachos oficiales.>

En una apreciación que compartió el presidente de la Corte Suprema de Justicia, Ricardo Lorenzetti, quien reclamó "respuestas claras y rápidas" del Estado, con el fin de poder normalizar las instituciones, el magistrado estimó que si hubiera respuestas inmediatas, las demandas de los ciudadanos no terminarían en cortes de ruta, a los que evaluó como "una forma de llamar la atención".>

Monseñor Radrizzani coincidió con Lorenzetti, en que esta modalidad de protesta permite a la gente "hacerse oír", aunque no compartió el concepto de "ilegal" que suelen darle los jueces, cuando ordenan el desalojo por la fuerza y obligan a la Policía a actuar, en algunos casos en forma exacerbada.>

"Hay una coalición entre los derechos a la supervivencia y a la circulación. En cada caso hay que dirimir cuál de los dos es prioridad", opinó el vicepresidente del Episcopado. Radrizzani exigió además "sensatez, racionalidad y equilibrio" tanto a la Policía como los gobiernos, para que, de agudizarse los conflictos sociales, "eviten los extremos de mirar para otro lado o tirar a matar".>

Pero en el Episcopado no hay un criterio único sobre el piquete como forma de protesta; más bien posiciones encontradas. Están quienes opinan que el corte es una práctica "agotada" y quienes consideran que la manifestación pone en evidencia un "estado de desesperación".>

Entonces, �cómo reclamar hoy desde la Justicia? La Iglesia dice tener una respuesta "gandhiana" para la pregunta: requiere a los afectados ser creativos, para sensibilizar a la sociedad sobre el problema que padecen, sin agredirla.>

Guillermo Villarreal (DyN)