Entre el agua y la leche

Las inundaciones tienen un efecto paradójico: sacan a flote los dramas que están sumergidos, negados o relegados por la mirada social y política cotidiana. Pasa con la pobreza, que preexiste y persiste a las marcas de hidrómetros o pluviómetros, como pasa con otros problemas de la realidad que son negados pero que el agua precipita con implacable evidencia, y que seguirán estando cuando el agua escurra.

En las inundaciones a la cuenca lechera, el agua no distinguió entre tamberos e industriales, a quienes recordó que son partes necesarias de un mismo negocio. Pero más aún, dejó en evidencia al gobierno que sin una política de Estado que le dé sustento a la cadena productiva, no habrá dibujo que valga en el Indec para poner la leche en las mesas argentinas y las divisas en las arcas del tesoro.>

Por estas horas, el agua ha sacado a flote la evidente negación del gobierno a los problemas de la cuenca láctea; las lluvias precipitaron un problema que ya estaba instalado por falta de una adecuada política oficial.>

Alternativa de la productiva, pero también devastadora, economía de la soja, expresión de la capacidad asociativa y de la historia regional, símbolo de verdadera riqueza, alimento insustituible, manifestación genuina de trabajo e inversión, la leche representa valores fundacionales y responde a necesidades fundamentales de esta sociedad.>

Tamberos e industriales santafesinos estarán en las próximas horas en la Casa Rosada. Hay algo peor que la inacción política; la negación de la realidad puede llegar a ser, según las circunstancias, un acto suicida y a la vez criminal.>

No hacía falta la inundación para reunir a industriales y tamberos, y para discutir políticas de Estado con interlocutores que tengan capacidad de acción, sin negar la realidad.>