ROBERTO MAURER
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Y con una lógica indiscutible, se añadió una sección en la cual se premiará al mejor reality, que hoy es la televisión misma: desde el reciente debut de Marcelo Tinelli, entre "Showmatch" y "Gran Hermano" se reparten la casi totalidad de la pantalla, si se suman todos los programas satélites que viven parasitariamente de los dos baluartes del 13 y Telefé.
Con ambos realities se ha constituido un imperio difícil de esquivar en la existencia cotidiana, un dominio único donde solo cabe optar entre la guaranguería combinada con pasos de baile y la indolencia enfermiza de un grupo de prisioneros. En un revival del viejo formato de los "programas ómnibus", se extienden por más de tres horas como un torrente de furia y barro que arrasa toda otra alternativa, asfixiando la grilla en tal grado que, inclusive, provocó la supresión de una emisión de CQC. El primer día de Tinelli, los ratings del 13 y Telefé sumaron más de 60 puntos, es decir, casi seis millones de personas.>
Fueron tres millones, la mitad, entonces, los que disfrutaron de la entrada de la olvidada Graciela Alfano, saludando con un escote que, a los pocos minutos, condescendiente y lábil, había permitido que su pecho derecho asomara en dos ocasiones, mientras el conductor, finamente, le decía a la nueva jurado: "No lo guardés, dejalo así".
El pasaje de sana lascivia se repitió con Moria Casán, quien, en su conversación con Tinelli, al decir "�sabés de dónde se me cuelgan?", aferró con las manos esas esferas que parecen la avanzada de una invasión extraterrestre, las mismas que alguna vez amamantaron a Sofía Gala. Siguió Silvia Süller, otra resucitada, con calcomanías de San Lorenzo en los senos, las que fueron debidamente ponderadas y acariciadas por Tinelli. Inmediatamente después de esas manifestaciones exhibicionistas, la primera acción solidaria pareció una broma: la compra de un mamógrafo para el hospital de Capilla del Monte (1).>
Del retorno triunfal de Iliana Calabró nadie debería quejarse: se trata de una creación monstruosa que el público consagró mediante el sufragio democrático, y que ahora deberemos aguantar entre todos. En este desfile de calamidades, la Hiena Barrios pudo ser confundido con un miembro de la Cámara de los Lores, si se lo compara con Silvia Süller, quien le hizo a Lafauci el gesto de "vos-te-la-comés", confirmando algunas presunciones. Y entre las frases que perduran, Moria dejó una cuando le dijo "sacá a la perra que llevás adentro" a la señora de Tinelli, lo apropiado en ese ambiente de veterinaria.
Devorando a la realidad por todos sus bordes, Tinelli sumó la protesta social a su show con la participación de Nina Peloso bailando música disco ante el ala fashion del movimiento piquetero que había dicho presente con Castells a la cabeza. >
Un jurado visiblemente volcado a la extrema izquierda la premió con altos puntajes y discursos encendidos, aún de Sofovich. Graciela Alfano fue particularmente inteligente al relacionar a Nina como expresión del campo popular con la música disco como el género que a fines de los `70 fue el desahogo de los fines de semana de los jóvenes proletarios norteamericanos de una sociedad que venía de la guerra de Vietnam y la recesión económica. Fue una observación aguda de la rubia intelectual argentina, que mezcló la sociología de Wright Mills con el Travolta de "Fiebre de sábado por la noche".>
(1) En su último libro, dedicado a la belleza artificial de la silicona, Alex Kuczynski esboza la teoría de que la estética actual de la teta está condicionada por los tamaños que difunde la pornografía a través de internet, y que han sido adoptados por los hombres como objeto de deseo. "No me importa si son artificiales, lo principal es que sean grandes", expresa un joven en uno de los testimonios recopilados por el autor.>
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