César Miño
Con una actuación que reflejó con fidelidad las aptitudes que distinguen su forma de sentir este juego -más allá de un presente impregnado de intermitencias- Gimnasia y Esgrima de Rosario se dio el gusto de vencer a Santa Fe Rugby Club por 32 a 27, dejándolo sin invicto y sin liderazgo en el estamento superior del Regional del Litoral 2007, organizado aunadamente por las Uniones Rosarina, Santafesina y Enterriana.
El encuentro disputado en el barrio Las Delicias de nuestra capital (debido a que el multicampeón santafesino tiene inhabilitada sus instalaciones) resultó entretenidísimo. No sólo por las aptitudes denotadas en forma intermitente por sus protagonistas; sino también por las impericias que tanto tuvieron que ver con el emocionante desarrollo.>
A partir del kick-off, quedó en claro que habría vértigo y deseos de jugar sobre la base de aquello que tanto se pregona y tan poco se ejecuta: mantener la pelota viva. A lo que obviamente se sumó el especial cuidado por las cuestiones defensivas.
En ese contexto -lógico y previsible, atendiendo a las características de los protagonistas- , todo se direccionó hacia una evidente paridad, pese a que los santafesinos prevalecieron inicialmente en la posesión.>
Por ello, no extrañó que la génesis de la conquista primogénita estuviese basada en una lucida y multifacética acción del anfitrión, que terminó siendo un trámite para quien la rubricó: Ignacio Carballo.>
Como contrapartida, como consecuencia del primer yerro defensivo después de un kick absolutamente aislado, llegó el try que comenzó a modificar la historia en favor de la visita, a tres minutos del cierre de la etapa inicial.>
Como si esto fuese poco, sobre el mismísimo epílogo, otro grosero error santafesino derivó en el ensayo que inesperadamente volcó el parcial hacia el 15 a 10 con el que se cerró en favor del visitante, abriendo un gran interrogante sobre el futuro del encuentro.>
Cuando era dable esperar que la charla técnica del entretiempo podría convertirse en una especie de detonante para que aflorara una lógica reacción santafesina, la realidad volvió a golpear con dureza.
Porque en una docena de minutos, GER apoyó dos nuevos ensayos que ampliaron su ventaja a un impensado 27 a 10: algo que ni el más fanático de sus seguidores hubiese imaginado en forma previa.>
Pero a partir de semejante adversidad, comenzó a surgir lo mejor de Santa Fe Rugby Club: la extraordinaria reacción de un protagonista. La que se cimentó en la paciencia necesaria como para hacer lo debido (léase, asegurar la posesión a partir del trabajo de "erosión" de los forwards), en forma tan paulatina como efectiva.>
Así llegaron los tres ensayos que, en otra docena de minutos (de los 15 a los 25), establecieron la igualdad, para delirio de los simpatizantes locales, que nunca dejaron de alentar al quince principal de Sauce Viejo.>
Sin embargo, en pleno predominio local llegó la "estocada" que era imaginable y resultaría mortal para las lógicas apetencias santafesinas: un try concebido a partir de las virtudes propias, aunque fue precedido por un intento de despeje defectuoso.>
Porque cuando Pablo Edery se zambulló en el ingoal santafesino, es dable imaginar que todos habrán sentido que sería muy difícil que a escasos ocho minutos del final, la historia podría volver a ser revertida.>
Pese a que Santa Fe Rugby Club dejó hasta el último resto de reserva energética disperso en el campo de juego, el pitazo postrer del impecable referee cordobés lo encontró sumido en la profunda tristeza de una caída generada en impericias propias.
Lejos de amilanar sus innegables capacidades, esta especie de "golpe a la ilusión" debería servir para aprender de una lección que puede resultar clave para su altivas pretensiones en el certamen.>
Y en especial, ante rivales con las características de Gimnasia y Esgrima de Rosario, que ha hecho, hace y hará "un culto" del aprovechamiento integral de los defectos adversarios.>
Santa Fe RC 27
Gimnasia y Esgrima de Rosario 32 >
El match se disputó en la cancha principal del club Universitario, ante un regular marco de público, con el impecable referato del cordobés Javier Mancuso.>