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La escuela N° 1301 Juan de San Martín todavía no puede desarrollar clases en sus instalaciones de Campo Jullier -noroeste de la ciudad de Santo Tomé-, debido a que las condiciones sanitarias no son las adecuadas para el normal desempeño de las actividades, hecho corroborado tras el informe del análisis microbiológico del agua captado en el sector (ver aparte). Además, para recibir el correspondiente visto bueno y para que el establecimiento restablezca sus funciones normales, las locaciones del mismo necesitan de una urgente desratización, la limpieza de los tanques de agua y el desagote de los pozos ciegos, actividades que chocan -por así decirlo-, contra dificultades existentes en la transitabilidad del camino de acceso a la escuela, que quedó por demás dañado y con profundas huellas tras la inundación, lo que imposibilita el arribo de las unidades encargadas de las mencionadas labores.
A propósito de lo precedente, en diálogo con este medio, la docente Marisa lópez -directora de la escuela- manifestó que por las malas condiciones climáticas imperantes, después de cumplir con la jornada escolar del 23 de marzo pasado, no pudieron volver a dar clases en el lugar, donde las actividades se venían cumpliendo de 8 a 16 y con un total de 65 alumnos, desde nivel inicial hasta noveno año. Atento a ello, López agregó que desde el 4 de abril están dando clases en la sede de la Vecinal Villa Libertad, en el barrio santotomesino del mismo nombre, tareas que sólo pueden cumplir de 8 a 12.
"Cada vez que llueve, la vecinal nos presta gentilmente sus instalaciones, pero no pueden hacerlo a la tarde porque tienen otras actividades; allí están trabajando los maestros de nivel inicial EGB 1, EGB 2 y EGB 3, los profesores itinerantes que vienen desde San Carlos, los de las áreas especiales (Educación Física y Tecnología) y el personal no docente, que son la ayudante de cocina y el portero", añadió López. Luego señaló: "El servicio de comedor, que lo brinda la cocina centralizada, lleva las raciones a ese lugar, pero como no están dadas las condiciones para que los chicos puedan almorzar en ese local, esperan hasta el mediodía y se llevan la comida a la casa; con respecto al servicio de copa de leche, se han estado dando las facturas y tortas, tanto para lo que es desayuno como para la merienda; normalmente se darían de mañana y tarde, pero en este caso especial, se le da a las 9 el primero y antes de retirarse los alumnos a sus domicilios la segunda".>
"Nos preocupa mucho el hecho de que no podamos cumplir con las jornadas de extensión, que se hacen por la tarde y corresponden a los talleres, tareas que ahora en la vecinal Villa Libertad no se pueden desarrollar", añadió Marisa, quien aclaró que en Campo Jullier -donde nos recibió-, hasta la catástrofe pluvial, tenían huerta, jardín, cocina y reciclaje; pero, todo ese material y esa producción se echó a perder por el nivel de agua ingresado. "No nos quedó nada; todo se lo llevó el agua; lamentablemente, perdimos casi todo; las herramientas de huerta y jardín, aunque quedaron bajo agua, se pueden recuperar; pero el ropero escolar que quedó bajo agua al igual que gran parte del archivo de la escuela, se perdieron", continuó describiendo la directora.
"Inclusive hasta el 30 de abril seguíamos encontrando algunas cajas, con hojas manuscritas, que tenían agua adentro; hemos perdido un montón de cosas y por eso es que estamos haciendo trámites y gestionando subsidios", explicó luego, para después confirmar que el Ministerio de Educación está al tanto de esta realidad desde el 13 de abril, porque se le dio aviso a la Región IV; ése fue el día que ella, en compañía de María Cristina Malvicini, labraron un acta de constatación de lo sucedido. "A partir de ahí nos movilizamos continuamente y se trató de hacer lo mejor posible, para que los chicos puedan estar en la escuela, porque ésta es una situación que nos preocupa a nosotros, a los papás y por supuesto a los niños", prosiguió Marisa. "Todos estos días uno puede decir o creer que los recuperará cuando se vuelva dar clase acá a la tarde, pero en realidad se pierden", concluyó la directora, quien en todo momento agradeció la ayuda recibida, así como hizo hincapié en que la escuela tiene desde hace tiempo serios problemas de comunicación, no sólo por los inconvenientes de acceso, sino por la falta -inclusive- de una línea telefónica fija.>
La primera visita que realizaron las docentes Marisa López y María Cristina Malvicini al establecimiento de la Escuela N° 1301 se produjo el 13 de abril -entre las 13.30 y las 15.15-, cuando pudieron ingresar al mismo gracias a la colaboración de personal del Ejército Argentino -del Batallón de Ingenieros Anfibios 121 más precisamente-, para entonces constatar los resultados dejados por la catástrofe hídrica. La intransitabilidad del camino principal hacía imposible el ingreso con vehículos pequeños, por lo que tuvieron que hacerlo en un camión militar. Atento a ello, aquel día las nombradas labraron el acta correspondiente, reconociendo que el establecimiento escolar había estado "anegado en gran magnitud".
Para tener una idea del panorama con el que se encontraron, cabe mencionar que López y Malvicini, por ejemplo, pudieron corroborar que: no salía agua de las canillas; no funcionaban ni el motor de agua ni uno de los disyuntores eléctricos; sólo había luz en dos ámbitos, la dirección y el comedor escolar; las paredes se encontraban mojadas, con hongos; había mucho yuyo, basura, barro, restos de aglomerado y mucha suciedad en los salones; había hormigas, ranas, sapos, arañas, avispas, mosquitos, moscas y otros insectos.
Además, pudieron constatar algunos muebles de madera deteriorados; los cestos de basura repletos de agua; material de trabajo para las horas de extensión completamente inutilizados; pozos ciegos rebasados; computadoras estropeadas; parte del archivo de la escuela perdido; libros y revistas mojados; paredes de machimbre caídas; el aula del tercer ciclo todavía con agua adentro; olores nauseabundos; puertas y ventanas con dificultades para abrirse, en algunos casos por haberse hinchado la madera; canaletas tapadas y techos deteriorados; la cancha de fútbol anegada; los pastos de todo el predio muy altos y la entrada de la escuela con pozos muy profundos.
Tras verificar lo que ellas mismas calificaron como situación desagradable y ventilar los distintos ámbitos de la escuela, las docentes tomaron varios registros fotográficos. Algunos días más tarde, el 17 de abril, la directora López realizó una segunda vista al lugar, esta vez acompañada por José Barduca, electricista particular, quien verificó los inconvenientes del sector, detectando que el motor del agua estaba quemado. Igualmente, durante esa jornada, que duró entre las 8 y las 10.45, López estuvo acompañada por Luis Mendoza (portero), Elena Unger (ayudante de cocina), Silvia Viña (maestra de nivel inicial) y Mario Busto (transportista escolar). Las paredes continuaban húmedas, había mucha suciedad y "era riesgosa la permanencia en dicho sitio".
El pasado 20 de abril, al día siguiente de haberse realizado la primera sección de limpieza y desinfección, el técnico Rodrigo Giorbanino, inspector de Bromatología de la Municipalidad de Santo Tomé, determinó que la higienización en la escuela N° 1301 Juan de San Martín era "deficiente en el sector de portería, salones y depósito, por haberse detectado la presencia de vectores (moscas), ranas, caracoles, víboras y panales de abejas"; a la vez, consideró que se debía efectuar una nueva limpieza, incluyendo los tanques de agua y el lugar destinado para guardar los elementos para la huerta.
En cuanto al destino de la muestra de agua realizada ese día -obtenida de la canilla de la cocina-, fue enviada a la División Microbiología de la Dirección Provincial de Bromatología y Química de la provincia de Santa Fe, dependencia que días más tarde dictaminó que la misma, basada en parámetros analizados y técnicas empleadas -investigación de Escherichia coli-, "no cumple con la legislación alimentaria vigente" y fue evaluada como "alimento contaminado", al existir un número más probable de coliformes fecales. Los análisis de marras fueron realizados e informados entre el 23 y el 30 de abril, siendo notificada la directora de la escuela con fecha 7 de mayo; en la medida que no se pueda realizar la limpieza de los tanques, el tema del agua va a seguir siendo uno de los impedimentos para que la escuela de Campo Jullier pueda reiniciar las clases en sus propias instalaciones. La solución de dicho problema, más el desagote de los pozos y la desratización, son esenciales para que esto último ocurra.
Ariel Durán-Sergio Ferrer