En las vacaciones de invierno de 2003, ancló en las salas de cine nacionales, un filme titulado "Piratas del Caribe: la maldición del Perla Negra". Se trataba de la gran apuesta de Disney en un género que, tras el éxito arrollador de "El Señor de los Anillos" y las andanzas de "Harry Potter", vivía una suerte de espectacular revitalización.
Pero aquella película fue incluso más allá, en eso de dotar de nuevos aires al género. En primer lugar, por su temática: las historias que convocan barcos, náufragos, bucaneros y cofres repletos de joyas, desde siempre ocuparon un lugar de privilegio entre los clásicos de aventura. En segundo lugar, por la decisión de presentar a la historia en entregas o capítulos, emulando a las viejas series, tan presentes en el imaginario colectivo. Y por último por la gran enorme capacidad demostrada por los guionistas para delinear a los personajes; sobre todo al del capitán Jack Sparrow, encarnado por el camaleónico Johnny Depp.>
El film, dirigido por Gore Verbinski, tuvo un costo total de 140 millones de dólares, y recaudó en todo el mundo unos 653 millones, muestra clara de la aceptación del público. Por eso no sorprendió a nadie cuando en julio de 2006, se supo que la segunda entrega de la saga de los piratas, "Piratas del Caribe: El cofre de la muerte" había costado 225 millones de dólares: estaba claro que el público respondería bien.>
Para el próximo 24 de mayo, se espera la tercera y última parte de la historia, que encontrará a los "Piratas del Caribe: en el fin del mundo", y las expectativas son muchísimas. Sólo basta decir que el polémico guitarrista de los Rolling Stones, Keith Richards -en quien Depp se basó para interpretar a su estrafalario pirata- hará un cameo, en el rol de su padre. La aventura está servida.>