"Este relato lo escribí hace unos meses, para un concurso sobre la emigración española, y sin darme cuenta había escrito la historia de mi vida. A mis 80 quiero compartirlo con las personas que significaron mucho en cada momento: mis amigos, mis compañeros de trabajo, mis vecinos y mi familia".
Estas sinceras palabras de agradecimiento pertenecen a María del Alba Álvarez de García Puente, quien entregó copias de su trabajo titulado "De Caboalles a Santa Fe" a sus seres queridos durante el festejo de sus 80 años, en febrero pasado. Pero aquella alegría no terminó con la cena que sus hijos organizaron para homenajearla.>
Semanas después, María del Alba se enteró que había sido premiada por aquel escrito que había enviado al I Premio Memoria de la Emigración Castellana y Leonesa, instituido por la Junta de Castilla y León, el Centro de la Universidad Nacional de Educación a Distancia (Uned) de Zamora y la Asociación Etnográfica Bajo Duero. Obtuvo el tercer premio de la convocatoria, que consistirá en la publicación de los trabajos ganadores.>
"Este premio fue muy emocionante y sorpresivo. Pienso que es un premio que me da la vida después de haber pasado por muchas circunstancias especiales. Nunca me lo imaginé y me dio mucha alegría", admitió la ganadora, nacida en Caboalles de Abajo, provincia de León, un 12 de febrero de 1927, quien debió emigrar a nuestro país cuando tenía 8 años junto a sus padres, Adela Buelta y Felipe Álvarez.>
La historia de su vida ya fue contada en esta sección de la Revista Nosotros, a través de sus recuerdos y anécdotas. Pero ahora se merece ser la protagonista de De Raíces y Abuelos una vez más porque siempre mantuvo latente el amor por su tierra y porque trabaja empeñosamente para preservar sus costumbres a través de diferentes instituciones.>
María del Alba integra la Mesa Coordinadora de Entidades Españolas y, en una de las reuniones, se enteró de la convocatoria a este premio por la presidenta de la Comunidad Castellana, María Rita García Lamas. "Yo soy castellana, nacida en la provincia de León, en el pueblo de Caboalles. Consistía en relatar la forma en que uno había emigrado de España", explicó.
También admitió que "siempre tuve la idea de hacerlo para dejarle un recuerdo a mis hijos y nietos, pero nunca me había decidido. Era una cosa que se piensa muchas veces pero nunca se concreta y esto fue como un empujón. Después de pensarlo un poco pregunté las condiciones para participar y me puse en la tarea de hacerlo, aunque no siempre tenía la inspiración para hacerlo. Cuando sentía las ganas de hacerlo me ponía a escribir y era como si lo estuviera viviendo todo nuevamente, con detalles, sin costarme trabajo. El día que no amanecía inspirada tenía que dejar la tarea".>
Y continuó recordando: "Cuando escribí el trabajo fue como si fuera un descargo de mi conciencia, era algo pendiente. Me resultaba muy difícil volver a leerlo porque de sólo acordarme me emociono porque son cosas muy tristes, sobre todo porque al llegar a la edad que tengo siento más todo lo que hice de pequeña".>
El desafío consistía -según mencionó- en hacer un relato de no menos de 15 páginas. Además, tenía que agregarle las fotos y los recuerdos que uno tuviera de esa circunstancia, ya sea pasaporte y otras cosas antiguas. De eso no tenía nada; lo único que había logrado rescatar era el pasaporte de mi padre.>
María del Alba tenía 8 años cuando vino de España, con sus padres y una tía abuela (tía de su madre, que la crió a aquélla desde los dos años), que era como si fuera su abuela. En la Argentina estaban los hermanos de su madre, que se habían separado de ella cuando era recién nacida. "Mi abuela falleció en un parto y mi madre era la más pequeña y tenía otro hermano anterior. Después había tres hermanos grandes. A esos tres mayores los trajo una hermana de mi abuela a la Argentina y los dos más pequeños quedaron con una hermana de mi abuela en España. Ellos fueron los que se criaron juntos, a cargo de esa tía, que era soltera, que vino con nosotros", precisó.
La guerra fue el motivo por el cual dejaron aquellas tierras, en 1936. "Llegamos el día de San Pedro y San Pablo a la Argentina, pero pasamos un año de guerra en España, recorriendo el país delante de las tropas de Franco. Él se había sublevado y el que no estaba de acuerdo con lo que él pensaba, cuando entraban en un pueblo barrían con todo. Mi padre no tenía esas ideas, no era activista ni se metía en política. Había estado en Argentina de joven y tenía una carrera: contador. Era republicano y eso bastaba para que cuando entraban te mataran sin preguntar. Así fue que decidimos venir", recordó.>
Y continuó: "Fue difícil porque salimos improvisadamente, una tarde, mi tía y yo en una camioneta. Mi tía ya no caminaba porque era una persona grande con mucho reuma. Mis padres, de noche, atravesaron caminando la montaña (los Montes Cantábricos) que separaba mi pueblo de Asturias. A unos 20 minutos ya estaba Canga, que es la primera ciudad de Asturias, adonde esperamos a mis padres. De ahí en más fue un recorrido largo, que es lo que relato, triste porque era muy peligroso, estábamos en una guerra".>
"Por mis cortos años, para mí era toda una aventura, no me daba mucha cuenta de lo que pasaba. Recién tomé conciencia cuando llegamos a Bilbao, el último lugar donde estuvimos, y empezaron los bombardeos. Esa fue la parte más triste que me tocó pasar y no voy a olvidar. Papá consiguió arreglar los papeles de toda la familia y pudimos salir a Francia, pero también tuvimos que dejar todo, al igual que cuando habíamos salido de mi pueblo. No te permitían sacar nada, ni alhajas ni dinero", relató.
Pero el padre de María del Alba se había puesto de acuerdo con su familia de Argentina para que le girara dinero para poder viajar a América. La travesía también estuvo cargada de malos momentos porque falleció la tía abuela de María del Alba, que tenía 80 años. "Como ya estábamos lejos de Portugal y muy lejos de Brasil la tuvieron que tirar al mar y eso fue muy dramático", recordó con tristeza.>
Cuando llegaron se instalaron en Bragado, provincia de Buenos Aires, con un tío, pero posteriormente se trasladaron a Paraná, donde estaba instalado otro tío suyo, el hermano de su madre con el que tenía más afinidad. Allí, el padre de una amiga de María del Alba le propuso a su padre ser el encargado de un negocio que pensaba abrir en Santa Fe. "Como papá era contador estaba en condiciones de hacerlo y así ocurrió. Así llegamos a Santa Fe y ya nos quedamos. Esto fue a los dos años de haber llegado a la Argentina, alrededor de 1940", contó.>
Escribir su historia de vida le permitió hacer un alto en cada recuerdo íntimo. En ella se incluyen algunos muy tristes -como su partida de Caboalles o cuando, en diez años, perdió a sus padres y a su esposo, porque "de golpe, la soledad no es fácil", admitió-, que compensaron con otros "muy bonitos de cuando era pequeña, de las amigas, de cuando íbamos a la escuela y jugábamos, del hermoso paisaje, que lo tengo muy grabado en mi memoria".
Reconoció que "he vivido bien pero con altibajos, que siempre traté de enfrentarlos lo más positivamente posible. Eso lo aprendí de mi madre, que tiene que haber sufrido mucho pero nunca lo dejó ver. Siempre me hizo ver que éramos felices, que íbamos a estar bien, que estábamos todos juntos. esto siempre lo tengo presente. También me recordaba que siempre hay que tener vida interior y preparación, que es lo que te sirve en la vida, porque todo lo material lo pierdes de un día para otro".>
María del Alba Álvarez dijo haber estado a gusto al recordar su historia y haberla podido escribir "de manera muy simple porque era lo que yo sentía en el momento en que lo estaba escribiendo". En este punto, aclaró que "cuando le pedí a mis hijos que lo revisaran por si había algún error gramatical o una frase mal construida les dije que no tocaran ninguna de las palabras que había puesto porque era lo que sentía".>
"El Jurado que ha valorado los relatos presentados al Primer Premio Memoria de la Emigración Castellana y Leonesa le ha concedido el tercer premio, por su trabajo `De Caboalles a Santa Fe'. Los relatos premiados serán publicados en un volumen específico. Reiterándole mi enhorabuena, la saluda atentamente. Juan Andrés Blanco Rodríguez, director del Centro de la Uned de Zamora", explica el certificado que recibió, al igual que una carta, a través de los cuales fue notificada de su premio.
Un grato recuerdo será también la forma en que se enteró -por una amiga- de esa novedad: "Fue raro cómo me enteré del premio: en las condiciones decía que en marzo se iba a saber el resultado del premio. Tengo una amiga cuya familia también es castellana y recibe un diario de esa comunidad, que se llama León y Castilla, que mandan desde España. Llegaron los primeros días de marzo y no había noticias y me llamaba la atención que no habían mandado ninguna comunicación".>
Y continuó: "El 12 de febrero cumplí los 80 años e hice una reunión. Mi hijo tuvo la idea de hacer varios cuadernitos y regalarle mi historia a cada una de mis amigas, para que tuvieran ese recuerdo mío. Después de la fiesta, esta amiga me llamó para felicitarme por el trabajo y yo creí que era porque lo había terminado de leer. Pero me aclaró que ya lo había leído y que me felicitaba porque había ganado el premio. Fue una enorme alegría y pegaba unos gritos bárbaros. Me leyó el diario en donde decía que había ganado el tercer premio, y que el primero también lo ganó un castellano que vive en Santa Cruz, y el segundo un señor de Madrid. Además hubo cinco menciones". Luego llegarían por e-mail y carta las correspondientes notificaciones.>
Unas cariñosas palabras fueron escritas en homenaje a los 80 años de María del Alba Álvarez de García Puente, para la revista institucional del Centro Asturiano de Santa Fe, "A la distancia". Sintetizan su amor por su patria y por preservar sus orígenes, que reproducimos a continuación: "Esta sería una historia más de las tantas que pueblan nuestra Argentina si no fuera porque la protagonista nunca dejó atrás el lugar de donde provenía. Alba se fue de su patria hace muchos años pero que sin embargo supo recrearla en el corazón de quienes tuvimos la suerte de conocerla".>
Amor por las raíces. El trabajo en las instituciones -admitió María del Alba Álvarez de García Puente- es la otra parte de mi vida que realmente me tira, que hago con ganas desde que llegamos de España. A pesar de ser castellana estoy en el Centro Asturiano ya que, al llegar a Santa Fe, fuimos a esa institución porque mamá era asturiana.
También contó que "mi vida siempre estuvo en el Centro Asturiano, la Sociedad Española de Socorros Mutuos y el Rotary. En el primero estoy en la comisión y también dirigí hasta hace poco tiempo (ahora los aconsejo, acompaño y guío) el grupo folclórico La Panoya".>
Aseguró que "ingresé como pianista al grupo y no salí más. Hace 12 años que está en marcha. Ahora estoy cosechando por lo que hice pero ya no trabajo. Voy a los ensayos todos los sábados. Mi ilusión es que estos chicos, que bailan con tantas ganas, puedan conocer lo que es Asturias porque realmente lo merecen. Es lógico que después de tantos años puedan tener la oportunidad de viajar".>
Centro Asturiano. "Hay personas que luchan un día y son buenas; hay otras que luchan un año y son mejores. Existen también quienes luchan muchos años y son muy buenos. Pero están aquellas que luchan toda la vida: ésas son imprescindibles. Gracias, Alba, por serlo para cada uno de nosotros. La queremos, la apreciamos y le deseamos otros 80 años repletos de felicidad".
A modo de sorpresa, homenaje y con el fin de darle otra alegría a María del Alba Álvarez de García Puente, además del premio, sus "amigos de siempre del Centro Asturiano" se comunicaron con De Raíces y Abuelos para expresarle sus sentimientos y agradecimiento por la tarea que realiza en la institución.>
Según contaron, "queríamos dejarle un mensaje de cariño por sus 80 años y por todo lo que ella nos brinda", ya que este grupo forma parte de quienes acompañaron a Alba a refundar "La Panoya". Además, admitieron que "la apreciamos y queremos desearle públicamente lo mejor y agradecerle lo que hizo no sólo por el grupo sino por cada uno de nosotros".>