El artista plástico Juan Andereggen expone una colección de pinturas, ensambles y objetos en las salas del M.A.C. Museo de Arte Contemporáneo de la UNL, sito en Bv. Gálvez 1578 de la ciudad de Santa Fe; hecho que se inscribe en el marco de las actividades previstas por el citado museo para el presente año.
A primera mirada, una íntima vinculación entre las obras resueltas como volumen con aquellas configuradas en el plano emerge de esta colección a la vista, en la cual el autor se ajusta a una sofisticada elaboración de la imagen, acentuando aspectos vinculados con el sujeto social contemporáneo atrapado en un mundo inhóspito. La excelencia del montaje de esta exposición admite un recorrido que posibilita la apreciación de un microcosmos de tensa subjetividad, en el cual cada situación enunciada pictóricamente, cada personaje construido, acentúa rasgos de un elaborado, predeterminado primitivismo, que remarca aspectos de connotación opresiva por encima de cualquier desapasionada denotación descriptiva. Cada tinte, cada forma, cada ensamble está desarrollado a partir de la interioridad emotiva del autor, proyectando una cierta tensa espera que interpela al espectador, demandando atención.>
Tanto las pinturas, construidas desde distintos ángulos de mirada compositiva con lavada materia que rechaza la tactilidad o el accidente de la luz del espacio entorno, como los ensambles y objetos, desdeñan la sensualidad cromática del color como perfil de restallante vitalidad, para concentrarse en asordinados contrastes de luz y sombras, tierras y óxidos con algún mínimo acento de contraste incorporado para reforzar el discurso esencial. Se mira a la vida tumultuosa que pasa sin inmiscuirse en ella. La sintaxis de cada trabajo se dispone a partir del detonante primero, material encontrado y reelaborado dirigido a cristalizar una idea-sentimiento que Andereggen hace brotar y crecer desde la precariedad de lo hallado, en el anhelo de otorgar dignidad de materia artística al desecho, a lo fútil circunstancialmente encontrado. El proceso de búsqueda constante de lo insólito que a la mirada del artista deviene en material proclive al destello artístico define la praxis del expositor. Nada es desechado, pues todo puede devenir en metáfora que habla de la cultura social del hombre. Lo inerte puede constituirse en magma simbólico portador de sentido, mensaje y advertencia, pues todo elemento del entorno encierra un potencial expresivo en espera de su descubridor, quien mediante su resemantización lo investirá de otro sentido diverso del original. El producto -la obra- se vincula estrechamente con el proceso de gestación.>
La exacerbación expresiva se recorta con mayor énfasis en las construcciones y ensambles. Aquí los personajes encerrados en precarias hornacinas o enfilados en procesión enumeran la desolación de la condición humana. Ojos fijos que se contraponen a bocas ausentes. Mirar desorbitado y callar por ausencia del lazo carnal sensorial que crea vínculos. Mudos testigos de brazos ausentes, quizás muñones del miedo al contacto que nace del contorno sin modificarlo con gestos o prensiones hermanadoras.>
La conceptualización por oposición a la sensorialidad, modo de capturar y decir la realidad de modo descarnado sin caer en el manido hermetismo de sesudas -y tediosas- explicaciones es el modo que elige Andereggen para pararse en sí mismo. Recurre al hacer del Arte con argumentos propios de críptica concepción. El primitivismo de las soluciones es decisión de distanciamiento hacia la exultación de la luz y el color es una invitación a transitar por los bordes de la inquietud de des-andar un recorrido para iniciar un nuevo periplo. Los riesgos de trastabillar en arcaísmos "a la moda" son ciertos y el autor los conoce. Suyo es el desafío, el riesgo y sus logros. Jugarse por principios personales es siempre una aventura incierta.>
La atenta y cuidadosa elaboración de cada trabajo en exposición proyecta la certeza de un estudio de reelaboración de material entre manos.>
El placer de crear símbolos, signos e íconos es en este autor un regodeo intelectual, que no aspira a congraciarse con nadie, un no a soluciones facilistas, un retaceo a cualquier concesión. La recurrencia rítmica, una constante cuasi obsesiva que hace de la repetición un reforzamiento expresivo del discurso visual, planea en toda la muestra; es un modo al que apela el artista en su intención de recortar con claridad sus enunciados, aclarándose a sí mismo en sus intenciones plásticas.>
Buscar un nombre propio no es tarea sencilla, pues buscar la identidad es dura batalla a la que se atreven sólo algunos.>