Donar un órgano, último acto de caridad cristiana
Por el Pbro. Hilmar Zanello Asesor de la Pastoral de la Salud

Del 28 de mayo al 1° de junio celebramos la semana de Donación de Órganos siendo hoy, 30, el día mundial de esta recordación.

Siempre fue una aspiración del hombre prolongar lo más posible la vida humana y, ante el límite que impone la muerte de seguir viviendo, la solidaridad humana ha respondido prolongando la vida en otro ser humano mediante este gesto de donar uno de los órganos para que aquélla continúe.>

Con este motivo, la Pastoral de la Salud Arquidiocesana recuerda lo que se lee en el Catecismo de los enfermos recientemente publicado (Pág. 56).>

"Donación de Órganos, nueva forma de amar con las obras: dar consuelo, aliento, palabras confortantes o consejo. Siempre será importante para el que necesita fortaleza en el sufrimiento o en la muerte.>

Darse uno mismo y darse por amor es una expresión de madurez y generosidad muy grande. Refleja una personalidad sólida y un corazón muy rico.>

Jesús dijo: "No hay amor más grande que dar la vida por los amigos" (Jn. 17.13).>

Y cuando se donan los órganos después de la propia muerte, estamos dando vida, ayudando a vivir.>

Es una expresión altísima de "caridad cristiana".>

Comienza la era de los trasplantes en 1967, con la resonancia que tuvo aquella experiencia primera del trasplante del corazón realizada por el Dr. Christian Barnard.>

Pero, en verdad, la historia de los trasplantes había comenzado con anteriores trasplantes de córneas y, sobre todo, de riñón, en los años 1950.>

Así se abrió una página nueva en la historia de la medicina y como un llamado a la solidaridad interhumana en favor de la vida.>

Solidaridad humana

Al principio, el tema de los transplantes suscitó una serie de reparos éticos porque se discutía si tal acción no sobrepasaba los límites de la potestad de la persona, al disponer de su propio organismo, tal como estaba formulada por el principio de totalidad.

Cuestión que quedó aclarada positivamente con la intervención del Papa Pío XII cuando interpretó el texto del Evangelio Juan 15,13; "Nadie tiene amor más grande que el que da su vida por sus amigos". Que se dice tanto de una persona viva como de una persona fallecida.>

Hoy nadie pone en duda el alto valor humano inherente a este gesto de donación.>

En torno al gesto de una donación de órganos se suscita el problema crucial de lo que constituye el diagnóstico del momento en que se produce realmente la muerte, que constituye un problema ético para discernir la posibilidad de una donación.>

Decisión que corresponde solamente a la ciencia médica y no a alguna confesión religiosa o la misma Iglesia, como lo afirmaba hace años el mismo Papa Pío XII.>

En cuanto al diagnóstico de muerte, es muy esclarecedor un trabajo presentado por el Dr. Pedro Zukas, en Buenos Aires, en el año 2005 en un simposio de la Pastoral de la Salud a la Comisión Episcopal de este organismo, transcribiendo una declaración de la Academia Pontificia de Ciencias: al tratar el tema "La prolongación artificial de la vida y la determinación exacta del momento de la muerte. Una sola muerte, dos caminos para llegar a ella". El paro cardiorrespiratorio. La muerte encefálica (cerebro, cerebelo y tronco).>

De aquí se concluye que, al no respetar este criterio, se puede entrar en una forma de eutanasia.>

La Iglesia entiende que donar un órgano es el último acto de caridad cristiana.>

De allí que el Papa Juan Pablo II valoraba este gesto como un impulso ejemplar del corazón, solidaridad humana y cristiana.>

Decía: "Dar la propia sangre o un órgano propio a aquellos hermanos que lo necesitan constituye un regalo hecho al Señor paciente que, en su Pasión, se ha dado en su totalidad y ha derramado su sangre para la salvación de los hombres.".>