De la civilización a la barbarie

Hace unos días, el gobierno de Estados Unidos publicó una advertencia acerca de los peligros que pueden enfrentar los ciudadanos de ese país que decidan llegar a estas tierras del sur de América. La cancillería argentina reaccionó inmediatamente. ¿A quién se le ocurre decir que Argentina es un país peligroso?

Desde un tiempo a esta parte, todo indica que nuestro inagotable poder de adaptación nos lleva por caminos que terminan en las más elementales formas de relación humana. Cada vez somos más bárbaros. En su origen griego este vocablo era utilizado para señalar a aquellos que no hablaban el lenguaje civilizado, es decir, el griego. Los bárbaros eran los extranjeros, los que no podían gozar del privilegio que otorgaba la organización de la polis, basada en el poder de la discusión, de la palabra.>

Hecha esta aclaración, no resulta una barbaridad, sino una señal de racionalidad y tino que tengan cuidado de nosotros. Cabe señalar que la gran potencia civilizada ha dado últimamente muestras de barbarie también, lo que no le resta realidad a su llamado de atención.>

Que es un problema abordar un avión debido a las huelgas, la falta de radares, las demoras, las fallas técnicas es un dato de la realidad que a ningún nacional o extranjero se le puede haber escapado. Y ni qué hablar de aquellos que hayan tenido que movilizarse en subte, tren, auto o colectivo. Las huelgas, los piquetes y estallidos sociales están a flor de piel, prontos a hacerse tangibles apenas surge algún motivo oportuno. Y la oportunidad requiere cada vez menos razones, tiene cada vez menos prejuicios y ya no quedan trabas morales que hagan pensar, ni siquiera por un instante, en el otro que se ve perjudicado con el accionar propio. Las causas son todas justas. No importa la magnitud. Hoy todo está permitido.>

¿Qué otra barbaridad nos adjudicaron los yanquis? Que aumentó el crimen callejero, que los secuestros exprés siguen existiendo y que es peligroso andar por nuestras rutas debido a la cantidad de accidentes de tránsito. No hace falta más que abrir las páginas del diario, cualquier día de la semana, para ver que estas apreciaciones no son ajenas a la verdad. Parece que los argentinos no sólo nos estamos volviendo cada vez más bárbaros, sino, también, cada vez más necios. ¿Acaso no será hora de hacernos cargo de lo que somos para luego ver qué país queremos ser?>