Notará usted que, al hablar o al escribir, parecería ejecutarse un sistema, cristalizarse un orden de cosas, concretarse sobre terreno una realidad que en principio es sólo mental. No le sorprenderá saber que éste existe y que usted lo usa todo el tiempo: en la expresión oral, se trata de sonidos que su aparato fonador profiere; los símbolos que dibuja sobre un papel suelen ser letras. Unos y otros conforman oraciones, que forman textos, que forman obras. Pero usted sabe todo esto, claro. Vamos más allá.
Escribir una oración es más simple de lo que cree. Plantéese qué quiere decir y, antes, escrute si tiene algo para decir. A menudo radica aquí lo más importante del proceso. Casi puede decirse que todo lo demás es anecdótico. Digamos que la oración debería tener, básicamente, un tema y una tesis. Es, claro está, algo que se dice sobre un objeto animado o inanimado; qué éste hace o qué a éste le sucede. Sustantivo y verbo (define la acción, quiebra en dos la sentencia y le da entidad, vértigo, cuerpo) definen la construcción. Como sus satélites se escriben los adjuntos: adjetivos, artículos, adverbios, etc. Para el ordenamiento lineal, primero, elija un artículo; después, opte por un nombre; luego, escoja un adjetivo (para completar la imagen del ser presentado). A continuación, claro, convendría incorporar un verbo. Con eso tenemos para empezar. Podemos decir, por caso: El periodista delgado escribe. Pero por supuesto, hay mucho más.
Observará usted que, a medida que su oración gana en complejidad, diversos elementos se van agrupando en torno del sustantivo o del verbo. Son los adjuntos de uno y otro núcleo: entre ellos, para que su oración sea inteligible, debe haber un fenómeno llamado "de concordancia".
A aquel primer complemento (el adjetivo), podemos agregar uno segundo, por ejemplo, mediante la combinación de una preposición + un adverbio + un adjetivo + un sustantivo complemento. Todo ello antes del verbo, que expone la tesis. Pero claro, así como los adjetivos son los complementos de los sustantivos, los adverbios lo son de los verbos. Claro que los agregados trascienden con mucho las posibilidades de este recuadro: por ejemplo, podemos completar lo que sigue al verbo con: una preposición + un complemento adverbial; y luego un complemento directo; y luego un adjetivo sustantivado.
Ahora olvídelo todo. Sólo de esa forma podrá usted escribir (o decir) algo visceral, interesante, conmovedor. Mucho más arduo que comentar los fenómenos es involucrarse uno en el barro para sumar un aliento propio. De lo contrario quedaremos paralizados, escribiendo espantos como éste: El periodista delgado, de un muy conocido medio local, escribe lánguidamente, no sin pena, una nota sin sentido.