La ira o furia, al igual que la ansiedad y la tristeza, forman parte de las denominadas "emociones negativas", debido a su impacto en el equilibrio mental y a los efectos que producen en el organismo.
La persona iracunda, con sentimientos de irritación, enojo y rabia, enfoca su atención en los obstáculos externos que le impiden conseguir sus objetivos o a los que responsabiliza de su frustración. Además, se ve asaltada por una sensación de energía o impulso incontrolado y la necesidad imperiosa de actuar física o verbalmente de modo intenso e inmediato.>
En el plano fisiológico, la ira activa el sistema nervioso, elevando la frecuencia cardíaca y la presión arterial, y a la vez reduciendo el volumen sanguíneo y la temperatura periférica. También hace aumentar la tensión muscular y la secreción de adrenalina, elevando los niveles de energía y preparando al organismo para esfuerzos o acciones intensos.>
Debido a ello, y a las crecientes evidencias científicas sobre el impacto negativo de la ira en el organismo de quien la experimenta, es mejor "contar hasta diez" antes de perder los nervios, y con ello una parte de la salud.>
De acuerdo con un estudio del Centro de Control y Prevención de Enfermedades de Atlanta, en Estados Unidos, el mal carácter parece elevar el riesgo de desarrollar un accidente cerebro vascular o ictus, mientras que el control de esta emoción puede ayudar a mejorar la salud cardiovascular.>
Los expertos estudiaron a 14.000 adultos, comprobando que aquellos que tienden a enojarse con facilidad poseen un mayor riesgo de desarrollar un infarto cerebral, incluso con niveles altos de colesterol HDL o "bueno".
El estudio -en línea con trabajos anteriores que han asociado una personalidad agresiva con el riesgo de enfermedad cardiovascular- muestra que enojarse con uno mismo eleva ligeramente el riesgo de ictus pero, a medida que aumenta el mal carácter, las posibilidades de sufrir crecen tres veces entre los participantes de 60 años de edad o menores.>
Asimismo, a largo plazo, la ira y la agresividad parecen ser nocivas para la función de los pulmones, y con el paso del tiempo pueden acelerar el declive respiratorio, según una investigación dirigida por la doctora Rosalind Wright, profesora de la Universidad de Harvard, en Boston, Estados Unidos.>
Ambas emociones han sido relacionadas con muchos otros problemas de salud en adultos mayores, como la enfermedad cardíaca y el asma, y se sabe que parecen tener un impacto sobre la obstrucción crónica de las vías respiratorias, lo cual sugiere que podrían afectar a los pulmones.>
"Los psicólogos han comprobado que el estrés psicológico, la ansiedad y los estados emocionales negativos como la agresividad pueden desestabilizar la función inmunológica y desencadenar procesos inflamatorios, de forma parecida a los alergenos del ambiente", ha señalado la doctora Wright, según la cual, el estrés puede poner a una persona en estado crónico de inflamación, cuando algo desequilibra el organismo".>
Los individuos con mal carácter pueden tener mayor aumento de la presión arterial, la vasoconstricción y de sustancias que favorecen la formación de coágulos sanguíneos, y en su cuerpo se descargan hormonas como la adrenalina, que pueden dañar las paredes de los vasos.
suelen ser el precedente y la causa de ciertas enfermedades físicas, sobre todo trastornos cardiovasculares, y en especial si aparecen juntas y se mantienen en el tiempo, de acuerdo a algunos expertos en trastornos emocionales.
pueden incrementar la vulnerabilidad ante una enfermedad, comprometer al sistema inmunológico (defensas orgánicas) o elevar los niveles de grasas.
estas emociones provocan en la persona una elevación en la percepción del dolor, así como el riesgo de fallecimiento por problemas cardiovasculares.