| |
Con 49 meses de gestión en sus alforjas, todo indica que en los cuatro que le quedan de recorrido hasta la próxima elección presidencial, el gobierno seguirá haciendo la plancha. Esa imagen será, por supuesto, disimulada de todas las maneras posibles. En particular, con un notable activismo para encontrarle excusas y culpables a los problemas que sistemática u ocasionalmente se presenten.
Una de las excepciones será el proceso de "argentinización" de YPF, operación de la que -paradójicamente- el gobierno dice estar formalmente al margen, aunque se trate de una de las pocas iniciativas kirchneristas en marcha y con posibilidades de concreción antes de la cita con las urnas, en la elección presidencial del 28 de octubre. >
Las buenas noticias que seguirá brindando la marcha de la economía serán opacadas por las vicisitudes energéticas, mientras que en política el arte consistirá en buscarle el ángulo favorable -por rebuscado que sea- a los resultados adversos. >
La doble elección de este domingo en Capital Federal y Tierra del Fuego es un buen ejemplo. >
Un análisis de las posibles combinaciones muestra las fortalezas y debilidades del oficialismo o, lo que es su contracara, las debilidades y fortalezas de la oposición.>
En el distrito porteño, el oficialismo buscará cantar victoria si su candidato, Daniel Filmus, supera la barrera del 40 por ciento (algo probable). Ciertamente, eso es lo que hará si en la segunda vuelta en Tierra del Fuego el actual gobernador, Hugo Cóccaro, es elegido para sucederse a sí mismo en un cargo al que llegó por un putsch provincial, relegando a la sorpresa de la primera vuelta, la arista Fabiana Ríos. >
Vale la pena revisar la morfología de esa extraña "victoria", que conjugaría un triunfo opositor en el distrito-vidriera del país y haber transpirado para prevalecer en otro, mucho más pequeño, en el que lo más que pudo el oficialismo fue colocar la compañera de fórmula (la diputada nacional Rosana Bertone), luego que ésta superara su rechazo a secundar a alguien (por Cóccaro) "que manda a matar gente", según afirma en uno de los videos del escándalo de ribetes mafiosos que precedió a la elección fueguina. >
El intento oficial por poner al mal tiempo buena cara se complicaría de modo insuperable si al seguro triunfo de Macri en Capital se agregara uno de Ríos en Tierra del Fuego. Pero aún este eventual "domingo negro" del kirchnerismo, no alcanzaría para mejorar el panorama opositor, porque reinstalaría a nivel nacional -aunque fuere de modo engañoso y efímero- la figura de Elisa Carrió, una de las figuras en las que se dispersa el voto no kirchnerista.>
El panorama hacia adelante incluirá el cierre de listas nacionales (esto es, la aclaración definitiva del género de la candidatura pingüina), algunas módicas satisfacciones oficiales en San Juan (12 de agosto), La Rioja (19 de agosto, matizada por una derrota ese mismo día a manos de la dinastía Rodríguez Saá en San Luis) y una victoria el 26 de agosto en Tucumán, donde el gobernador neokirchnerista José Alperovich podrá celebrar el haber modificado la constitución tucumana a imagen y semejanza de la de Santa Cruz, permitiendo la reelección indefinida, antes del viento anti-perpetuacionista que empezó a soplar desde fines del año pasado en Misiones. >
Serán fuegos de artificio, antes de un turno, el del 2 de setiembre, en el que las debilidades de la construcción política oficial serán nuevamente inocultables: el kirchnerismo llevará las de perder en Santa Fe, y en Córdoba será un convidado de piedra, de esos que caen a un lugar sin saber a qué mesa sentarse. >
Si las urnas no le dan grandes satisfacciones al oficialismo en esas contiendas dispersas por la geografía del país, allí al menos estará la economía. El segundo trimestre del año, gracias a los excelentes precios internacionales y a una fenomenal cosecha gruesa y una campaña en la que por primera vez en la historia el campo argentino orillará una producción agrícola de cien millones de toneladas, dejará de herencia para el tercero una plétora de anuncios de récords productivos y fiscales. Las arcas desbordarán de efectivo, que financiará los oportunos aumentos de salarios a los empleados públicos y a los jubilados.
Hace tres días, asistimos incluso al espectáculo de un gobierno celebrando un "récord" de superávit fiscal por la magia de la reforma provisional y las jubilaciones anticipadas, una alquimia de ensueño para cualquier gobierno del mundo: arrima votos y dinero (el de los aportes que vuelven al Estado) y deja la cuenta para los que siguen, a varios años vista.>
Con todo, la economía y el humor popular estarán influenciados por el general invierno y su examen al esquema energético K. Con las reservas de petróleo y de gas natural en una declinación que ya lleva varios años, al bando de la escasez se sumó ahora el agua que alimenta las represas hidroeléctricas.
La escasez, vale aclararlo, es relativa. El agua empieza a ser poca precisamente porque en los últimos meses se usó tanta para suplir la cortedad de hidrocarburos. Centrales hidroeléctricas como Chocón y Piedra del Águila, que en la operatoria normal del sistema energético argentino eran usadas como generadoras "de pico", en los últimos meses fueron exigidas hasta la última gota.
Es cierto, como dijo el jueves el presidente Kirchner, que la situación mejorará con los deshielos, pero lo normal es que éstos comiencen recién en setiembre. Pretender que sea antes no es un reclamo de normalidad, sino de extremada buenaventura.
Además, al ya tradicional reparto de culpas por lo que no se hizo hace siete, ocho o más años, por parte de un gobierno que lleva cuatro en el poder, podría sumarse un nuevo terreno de la batalla energética: el del control operativo de las centrales hidroeléctricas, cuya cantidad de agua se va acercando a un nivel en el que las autoridades de cuenca o comités de seguridad deben empezar a prevalecer sobre las energéticas. Pasado un punto, ya no se trata simplemente de generar electricidad, sino de garantizar un adecuado equilibrio hídrico en toda un área geográfica o la lisa y llana seguridad de una represa.
Habrá que aguzar la percepción, entonces, para ver dónde van las fuerzas reales de la política y la economía, y no dejarse engañar por el arte de la simulación.
Sergio Serrichio