Para las personas que tienen dificultades motrices, auditivas o visuales, simples actividades como circular por la ciudad y desenvolverse en sus tareas cotidianas pueden significar un serio inconveniente. Es que, junto con algunas obras y modificaciones estructurales en edificios públicos y privados, siguen coexistiendo limitaciones físicas y concretas que complican la rutina de personas con capacidades diferentes, pero también la de niños, adultos mayores y de todo aquel que no responda al ideal de joven sano, para el que parecen concebidos -en general- los espacios urbanos.
Un informe publicado recientemente por este diario describía los permanentes obstáculos que deben afrontar personas que se desplazan en sillas de ruedas o que tienen una movilidad limitada, como también quienes no pueden ver o escuchar. Es que, si bien existen leyes nacionales y provinciales, además de ordenanzas locales, que promueven la eliminación de barreras arquitectónicas, esta norma aún no se cumple en todos los casos.>
Se describían en aquel informe la falta de rampas en algunos edificios públicos y privados, y el estado de las veredas, que suma un nuevo obstáculo para quien logra sortear elementos instalados a una altura inapropiada como toldos, objetos en venta o aparatos de aire acondicionado. Como contrapartida, algunas reparticiones públicas, entidades culturales y educativas, y construcciones particulares han adaptado sus edificaciones para facilitar el acceso de todos y todas por igual.>
El transporte de pasajeros aparece como uno de los escollos más importantes a sortear, tanto para personas con capacidades diferentes por la dificultad que supone ascender en silla de ruedas, como para cualquier individuo que requiera las dos manos para sostenerse: adultos mayores o madres con niños pequeños en brazos, por mencionar dos de los casos más frecuentes.>
Es cierto que en los últimos años, alentados por normas específicas y por una mayor conciencia social sobre el tema, algunos cambios se han producido. Es posible encontrar áreas públicas y privadas que cuentan con baños adaptados para personas con capacidades diferentes. Pero aún no se generaliza una política pública y privada en ese sentido: las soluciones siguen siendo parciales. Hace escasos días se conoció la historia de una niña de 11 años que requiere la ayuda de un adulto para ascender las escaleras que separan la planta baja del segundo piso del organismo cultural al que asiste, barrera que se podría sortear con un ascensor.>
Una interesante iniciativa tuvo el año pasado la Secretaría de Derechos Humanos, en oportunidad de recordarse el Día Mundial del Bastón Blanco. Chicos y grandes fueron invitados a completar un circuito plagado de obstáculos reales en la vida de un no vidente, para concluir luego en la importancia de contar con una ciudad accesible, pero también la de concientizar sobre la solidaridad de toda la comunidad, lo que se pone de manifiesto tanto en conductas particulares como en políticas públicas de integración. Y ésta también se logra con mayor accesibilidad.>
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