ANOTACIONES AL MARGEN
Naufragio del héroe
Por Estanislao Giménez Corte

I

Un hombre solo que, apenas armado de su convicción, se impone. Así podríamos definir a un héroe. Pero queremos entender, y el entendimiento no está en los conceptos; está, quizás, en su desmembramiento. Tengo para mí dos imágenes, intrínsecamente vinculadas, cuando se pronuncia el término: imagino a alguien abrumado por la soledad, en un contexto adverso -selvas, islas, espacio exterior, remotos parajes- que persiste con instinto de animal y pervive (Robinson Crusoe y sus cientos de émulos); concibo alguien abrumado por la grisácea presencia de otros, por la urbe asfixiante, por un sistema nefasto (totalitario, dictatorial, opresivo), que logra destacarse con instinto de animal y modificar el orden de las cosas, o escapar. Cualquiera de los dos podría asumir la morfología de lo heroico. El sino común los identifica, es una experiencia tortuosa.

Pero esta escritura sobre las recalcitrantes historias que pueblan las imaginaciones como una invariante �qué otra cosa pretende si no ver a los laterales de la entronización del héroe y detenerse en el porqué de la consideración de éste como alguien que debe sufrir extraordinariamente para ser bautizado como tal?>

II

La reciclada exaltación de una víctima, enfrentada a la naturaleza, pero más aún a la soledad, a la intemperie, a la incertidumbre, ha abarrotado las páginas, los filmes, las leyendas. Es extraño: un pobre desafortunado, un triste sujeto abandonado, es transfigurado en héroe por el mero hecho de escapar de su muerte. He allí, en muchos casos, su único mérito. Se forja así una lógica por la cual el héroe es alguien que logra agónicamente un modesto triunfo, en el que hay más incidencia de la suerte que influencia de una eventual destreza. Se plasma de este modo una moraleja que viene de lejos: la única forma de caminar al paraíso es atravesando el cadalso.

La persistente exposición de la desgracia modela dos perfiles curiosos: héroe es aquel que se aferra nerviosamente a la vida, en beneficio de otro o de una causa; héroe es aquel que se inmola por algo. A éste último lo atraviesa una suerte de "culto necrológico": su muerte, cuanto más horrorosa, absurda e inesperada, más lo encumbrará. >

La categoría de héroe, pareciera decírsenos, proviene únicamente de la intensidad de la tortura a la que es sometido. Éste es (casi) destruido por fuerzas complotadas en pos de su destrucción. Pero resiste. Para el imaginario social, es un ser que antepone su convencimiento a los eventuales sufrimientos, en una noción que hay que acreditar a las religiones. >

III

Pienso en los guionistas, en los escritores, en los poetas. Y sumo esta posibilidad: muchísimos fueron antihéroes que dieron vida, magistralmente, a héroes. Eso, a menudo, los ha transformado en héroes "reales", pero de una categoría diferente: aquella poblada por individuos a menudo malhumorados, sucios, extraños, viciosos y trastornados, que no se detienen a explicar el absurdo de su encumbramiento y de la admiración que se le dispensa, porque en el fondo saben que nada han hecho para merecerla y que toda su labor, aunque ha dado felicidad a otros, no ha sido realizada por eso, sino para dar curso a una honda necesidad interna.

[email protected]>