En cada año electoral, se repiten las especulaciones políticas en torno del palco del desfile del 20 de junio en Rosario. Una de las pocas visitas presidenciales tradicionales a la provincia da motivo a todo tipo de comentarios sobre los gestos que realiza en esos pocos minutos el presidente de la Nación. Esto no sólo ocurre con Kirchner; pasó durante las visitas que realizó Carlos Menem cuando todos querían estar al lado del entonces jefe de Estado. La desesperación política por estar al lado del presidente no parece tener correlato en la opinión ciudadana que en algunos casos observa indiferente el espectáculo y en otros directamente la ignora. Lo que ocurre en el palco parece estar reservado para la clase dirigente y la prensa.
La misma indiferencia ciudadana parece castigar a la gran mayoría de los candidatos a diversos cargos en la provincia o en la ciudad que son prácticamente ignorados por más que hagan los mayores esfuerzos en mostrar su cara sonriente o de preocupación ante las cámaras de televisión, ante la lente de un fotógrafo o ante el micrófono de una radio. >
Dirigentes por un lado, ciudadanos por el otro no parecen encontrar un camino que los sintetice. Razones no faltan, ya que no son pocos los ciudadanos cansados de escuchar las mejores promesas y soportar las mayores frustraciones cuando el elegido llegó al poder. >
Tal vez la mayor preocupación de gran parte de la ciudadanía esté en saber quién sale de la casa de Gran Hermano o del baile de Tinelli. Es que ambos show, a su manera, representan parte del juego de la política, donde algunos esperan estar al lado de Kirchner y sentirse el favorito, y en el otro obtener los votos de la ciudadanía para acceder a un cargo ejecutivo o legislativo. Además dicen ser más serios, pero no trepidarían por bailar cinco minutos ante las cámaras de televisión para ganar el voto de la gente.>