El gobierno sufre los triunfos de Macri y Ríos

Los resultados de las elecciones de la ciudad de Buenos Aires y de la provincia de Tierra del Fuego han producido un impacto mayor en el gobierno nacional. El escenario más temido -la doble derrota electoral- se filtró como una ráfaga helada en el confortable microclima de la Casa Rosada. Y es probable que lleve a Néstor Kirchner a repensar su relación con la Argentina.

Hasta ahora, la estrategia de confrontar con sectores definidos por sus perfiles corporativos y alejados de las simpatías populares, le había dado al presidente buenos dividendos. Después de la rebelión ciudadana contra los políticos -condensada en la consigna "que se vayan todos"-, Kirchner intentó despegarse de los poderes tradicionales a través de una gestualidad "antioligárquica" que, por contraste, lo exhibía como un "hombre nuevo" pese a sus extensos antecedentes en la política.>

Así, cavó trincheras frente a enemigos imaginarios suponiendo que se ponía a salvo del juicio negativo que la ciudadanía tiene acerca del quehacer político. Y de hecho, esta táctica funcionó bastante bien; tanto, que el nivel de imagen positiva del presidente permanece alta pese al deterioro de los últimos tiempos.>

Ahora, el brillo de la buena estrella es menos intenso. Los vientos favorables de la coyuntura internacional que han impulsado hacia las nubes los precios de los commodities, se ven neutralizados por el creciente malhumor social. La bronca colectiva es acicateada por los problemas que crea la falta de energía y el caos cotidiano en el que vive una Buenos Aires torturada por el déficit ferroviario, el desastre aeronáutico -que incide en todo el país-, la saturación automotor y los piquetes que traban aún más los flujos de una ciudad ya obstruida por carencias de infraestructura y transporte.>

Ese conjunto de disfunciones explica mejor que el encuadre ideológico lo ocurrido en Buenos Aires. Mauricio Macri, el triunfador de la víspera, supo leer el problema, y su equipo de campaña diseñó un discurso a la medida de los reclamos ciudadanos. Los vecinos de Buenos Aires quieren respuestas concretas a las demandas de seguridad, la puesta en caja de los desbordes de todo tipo, el mejoramiento de los servicios, la realización de demoradas obras de infraestructura, la esperanza en una mayor calidad de vida. Hoy, Macri y Michetti, que aparecen como un binomio que complementa los géneros, las sensibilidades y las visiones políticas, también encarnan el contrapolo de Néstor y Cristina Kirchner. Ante la práctica confrontativa de éstos, hablan de la necesidad de diálogo; enfatizan el esfuerzo y el mérito y privilegian en su propuesta la construcción del futuro, mientras que la pareja gobernante asienta su acción en la memoria del pasado y la reivindicación de viejas banderas de lucha.>

Entre tanto, en el sur, la victoria fue para Fabiana Ríos, una diputada del ARI que se convierte en la primera gobernadora de la Argentina. Y también para Elisa Carrió, que es su referente nacional. Allí la clave fue otra. Ríos la sintetizó con esta frase: "Los votos no se compran, se ganan". Es que en el extremo sur, lo agobiante es la corrupción política.>