Los dirigentes de Hamas dicen que los funcionarios de Al Fatah son ladrones y corruptos; Al Fatah por su parte expresa a través de sus máximos dirigentes que Hamas es una banda integrada por asesinos y terroristas. Lo más notable del caso, y tal vez lo más triste, es que los dos tienen razón. La corrupción de los herederos de Arafat es evidente, notoria y escandalosa; los mismos adjetivos pueden usarse para calificar el fanatismo integrista de los muchachos de Hamas.
A favor de Al Fatah puede decirse que existe una predisposición a encontrar la paz con Israel, mientras que de Hamas hay que reconocer una militancia religiosa y social que les ha permitido ganar la adhesión de la mayoría de los palestinos. Por supuesto que este escenario está matizado, pero los matices en este caso no alcanzan para modificar la orientación principal de los protagonistas.>
El precio de esta singular división del trabajo, de esta constitución de un monstruo con dos cabezas, puede que lo pague Israel, pero en principio los que lo están pagando son los propios palestinos, el pueblo palestino, que es víctima de los delirios y las corruptelas de sus dirigentes y de la manipulación de los principales jefes musulmanes que se valen de la causa palestina para mantener una tensión permanente contra Israel.>
Con respecto a este último punto conviene recordar, una vez más, que las masacres más crueles contra los palestinos las cometieron los gobiernos árabes, empezando por los jordanos, siguiendo por los sirios y, si se permite, por las propias milicias libanesas, ya que el delito de Sharon no fue el de haber perpetrado él la matanza de Shabrá y Chatila, sino de permitir que las milicias libanesas masacren a los palestinos en venganza por las acciones terroristas que los palestinos cometían contra ellos, entre las que merece mencionarse, el asesinato de Gemayel, el premier libanés que tuvo la mala idea de reconocer al Estado de Israel, con lo que en menos de dos años los integristas musulmanes asesinaron a los dos jefes de Estado que se atrevieron a negociar con Israel: Sadat y Gemayel.>
Decíamos que las torpezas criminales de la dirigencia palestina las paga el pueblo, un pueblo habituado al sufrimiento y a la postergación, un pueblo que hoy es rehén de esa dupla de poder integrada por asesinos y ladrones, por fanáticos religiosos decididos a mandar a los niños a inmolarse por Alá y políticos corruptos enriquecidos gracias a los subsidios multimillonarios que reciben por parte de Europa y de las conciencias culposas de Occidente.>
Si la preocupación de los jefes palestinos fuera la calidad de vida de su pueblo, hace años que en esa región no debería haber ni hambre ni pobreza, porque con los recursos multimillonarios que reciben esa calamidad hace rato que debería haberse superado. Lo perverso de todo esto es que este círculo maldito termina retroalimentándose y no deja otra alternativa que la reproducción de un sistema en donde -importa reiterarlo- las víctimas son los propios palestinos.>
Con las barrabasadas que están cometiendo los dirigentes palestinos lo que demuestran es que en Medio Oriente no es Israel el Estado inviable, sino Palestina. Lo que no funciona como Estado jurídicamente organizado y como nación medianamente homogénea es el proyecto palestino. En todo caso, y más allá de los esfuerzos de algunos dirigentes, en este territorio lo único que funciona es la corrupción, la pobreza y el terror, todo ello condimentado con una alta dosis religiosa, porque allí ha adquirido vigencia el aforismo de Marx de que la religión es el opio del pueblo.>
Con esos ingredientes en ninguna parte -no sólo en Palestina- se puede organizar una convivencia medianamente civilizada, al punto que, si hiciéramos una proyección fantástica e imagináramos que Israel se retirase del territorio ocupado, de todo Medio Oriente, y les dejara a los palestinos la deseada soberanía, la guerra civil seguiría siendo la constante con el singular agravante de que ahora no tendrían el pretexto del enemigo judío para victimizarse.>
Habría que agregar -además- que en ese escenario no sólo se despedazarían alegremente entre ellos, sino que lo harían ante la absoluta indiferencia del mundo árabe y musulmán, cuya intervención en todo caso sería la de siempre, es decir, ajustando cuentas contra los palestinos que los fastidien.>
Retornemos a los rigores de la cruel realidad. Israel, Estados Unidos y los países árabes en conflicto con Irán decidieron legitimar al gobierno de Abbas por considerar que más allá de sus escandalosas corruptelas o tal vez por ello, es el único interlocutor con el que es posible arribar a un acuerdo más o menos civilizado.>
El problema es que en la región, los votos, o la adhesión popular, los tiene Hamas. En Gaza ese apoyo está fuera de discusión y en Cisjordania seguramente lo podrán probar en poco tiempo. Digamos que colocados ante la alternativa de elegir entre ladrones y fanáticos religiosos, Israel opta por los primeros, una opción triste, miserable, pero que se impone por su propio peso. Asimismo, no se puede desconocer lo que ocurre en el cerebro y en el estómago de una población que desde hace décadas vive militarizada y en donde la única alternativa -lo único que aprendieron- para escapar del hambre y de la humillación pasa por tomar el fusil con una mano y el Corán con la otra.>