Nunca hubo discurso tan largo para explicar una derrota que -por su claridad y contundencia- no necesitaba explicaciones. Sobre un escenario, detrás de un atril, acompañado por sus colegas del gabinete -que lo miraban de soslayo, con una sonrisa de conmiseración, como se mira a los perdedores- Daniel Filmus se empeñó por casi veinte minutos en comunicarle al país que él no era el nuevo jefe de gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, porque el sesenta por ciento de los electores porteños, los que se inclinaron por su adversario, no piensa (una ofensa extemporánea y gratuita); que sólo él era el responsable de la derrota, gesto que nadie le va a agradecer por tardío e inexacto: la complicidad impúdica y grosera de la Casa Rosada durante la campaña fue evidente. Después siguió con los agradecimientos a sus votantes; a algunos -varios- los mencionó por su nombre -todos conocidos, famosos- casi insinuando que, por sus cualidades, el de ellos no era un sufragio cualquiera, que tenía otra calidad. �Será una manera de impulsar el voto calificado? Hubo un nombre que evitó mencionar, el del ganador, algo que -nobleza obliga- debió hacer.
Obviamente otro era el clima en el refugio de Mauricio Macri: la victoria paga más. Cientos de eufóricos simpatizantes (sí, aunque parezca mentira, el Macri triunfante hasta genera euforia) colmaban el "búnker" del vencedor que, dos horas después de cerrado el comicio, apareció para dirigirle a sus huestes las vaguedades propias del momento. Lo precedió en el discurso su compañera de fórmula, Gabriela Michetti. Lo suyo fue mucho más sólido, aun cuando la pelea por sostener en su lugar el generoso escote de su blusa, pudo haberla desconcentrado. El gran espectáculo lo dio María, con 92 años y votante de Macri, a quien todavía le quedaban ganas de bailar.>
Finalmente, y para respetar aquí las proporciones que estableció la televisión nacional, sólo unos pocos renglones para el triunfo de Fabiana Ríos en Tierra del Fuego. Una verdadera hazaña la de esta rosarina de 43 años, que enfrentó sola a un aparato tan fuerte como inescrupuloso. Además, le permitió al ARI el récord de instalar a la primera gobernadora electa en la historia del país.>