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Es, junto con la reproducción de la Mona Lisa, el único toque de color en el mundo blanco y negro propuesto por el Grupo De las Artes para "Espina de diamante", de Enrique Butti, que se ofrece los fines de semana en La Juana, sala ubicada en 4 de Enero al 2700. Pero cuando ingresan a ese ámbito de película de teléfono blanco María Isabel, Rita Salomé y Felipe Tomás nada será tan blanco ni tan negro. Por el contrario, un mundo de pasiones escondidas bien rojas verá la luz.
Como decíamos en oportunidad del primer estreno de la obra hace algunos años, una trampa surge de la voracidad de la pantalla por controlar más y más la vida de las personas. En la escena transcurren las delirantes secuencias del teleteatro que tiene a esas dos mujeres como protagonistas luchando por el amor del estereotipado galán. Aparece una tercera, pero por elegancia no revelaremos el final.>
Desde la dirección general del espectáculo, Sergio Abbate capta muy bien el particular universo planteado por Butti al rescatar el delirio de los parlamentos. Lo logra a partir de un buen ritmo y, esencialmente, por un destacable elenco de jóvenes actores en el que sobresalen las excelencias interpretativas de María Belén Rivero -estupenda cuando padece la ausencia de amor- y Camilo Céspedes -de fuerte presencia escénica y con una máscara inagotable-, muy bien secundados por Vanina Monasterolo, excelente como "la mala" de la historia y la precisa María Soledad Almirón. Los cuatro entregados al delirio propuesto por la dirección.>
Son de indudable valor estético el tratamiento del espacio escénico de Mario Pascullo, quien delimita con astucia el gran ámbito; los maquillajes y peinados de Luis Karlen, la precisión coreográfica de Lorena Almirón y la certera compaginación de la banda sonora de Javier Rusillo.>
La propuesta encuentra su lunar negro en la adaptación del texto, del que no aparece responsable en el programa de mano. Decimos esto porque, si bien el espectáculo se disfruta tal como está, no se traducen en la totalidad los fragmentos de una vida perra, el de esas mujeres sin claros objetivos, chupadas por el magnetismo televisivo que plantea Butti. María Isabel y Rita Salomé son estrellas de telenovela, mientras que están ausentes las mujeres que son estrelladas por la dura realidad. En ese pedazo de cosmos, cada una termina girando en la órbita de la obra, como si alguien hubiera hecho justicia celestial.>
Con un humor corrosivo y por momentos lacerante, Butti critica desde el texto original la influencia de los teleteatros en la vida de esas mujeres, que ven en ellos un lugar posible para poder proyectar sus sueños tantas veces truncos y un espacio para vivir una realidad que a ellas les es negada.>
"Al final, estas novelas son todas iguales, una no sabe con quién se va a quedar la actriz principal", se queja en el original una de las protagonistas. En ese descontento aparece con nitidez el hartazgo de una convención que sigue, no obstante, cosechando el interés de miles de espectadores en todo el mundo. La dicotomía buttiana aparece con evidente claridad: el mundo ficcional, representado por el mismo teleteatro que da título a su obra, y el de las amas de casa -o no tanto- donde se instalan con fuerza la monotonía, la frustración femenina por los amores perdidos y el trabajo de todos los días. La versión que De las Artes hace de la obra es respetable porque rescata el humor y la ironía del texto, pero es discutible en cuanto a la decisión de un corte textual que, desde nuestra opinión, resulta cuestionable.>
Roberto Schneider