Parece una ironía, pero festejar un gol de Argentina cuando una está lejos es como si la nostalgia, no sé, algo que cala hondo, nos arrancase el grito de más adentro, mucho más adentro. Confieso que futbolera como soy e hincha fanática de un club santafesino como soy, jamás he gritado goles con estas ganas y esta garra, como una rabia.
Ni Menottista, ni Bilardista, ni Pekermanista, ni Pasarellista. Una argentina afuera de su tierra. Un pedazo de historia, detrás de la línea de frontera.>
Vi a la Argentina de Pekerman desde los enorme televisores pantalla plana venezolanos que tuvimos durante el mundial germano. Y mis gritos de gol en Caracas se escucharon, juro que se escucharon.>
Ahora veo a este equipo de Basile otra vez jugar "a lo Argentina", siempre al pase corto, la tranquilidad y la sorpresa. Y juro que estos cuatro goles se escucharon en todo Caracas.>
No pude ir a Maracaibo. Las cosas del mercado, las cosas de la gente que rodea al presidente de este país, han hecho de la Copa América un asunto de Estado, y por supuesto, los tickets para entrar a la cancha son del Estado. Por lo menos en Venezuela.>
Lo vi en Caracas, en el restaurante (de nombre italiano por supuesto) donde se juntó un puñado de "argentos". Lo vi en el club argentino-uruguayo, donde ahora todos hinchan por Messi y sus gambetas, y lo vi en cada casa de cada venezolano que llevó durante el Mundial de Alemania la banderita celeste y blanca en el vidrio de su auto. Y lo vi en mi casa, en el este caraqueño. Por eso mi grito se escuchó por todas partes, todos mis cuatro enormes gritos de gol, y mi abrazo saltando, y mi necesidad de que cada venezolano que se cruce conmigo en la calle sepa que nací en el mejor país del mundo, en el de todos los climas, en el de los grandes poetas, en el de Maradona y otros tantos millones. Mi país, el que me arranca un grito que no sé de dónde sale, tan nuevo, tan hondo, tan mío. Quizás venga del alma.>
(*) Periodista santafesina radicada en Venezuela.>