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Luis Rodrigo
Como ocurre con todo mercado libre, las leyes de la oferta y la demanda rigen para los valores que taxis, remises y combis cobrarán mañana a los partidos y los frentes políticos, por trasladar a sus votantes.
Como la demanda está totalmente desregulada, porque es realmente muy escaso o casi nulo el control institucional sobre los gastos de la campaña electoral (y la limitada oferta disponible lo sabe), los valores finales responden a esa realidad.>
Según están dadas las cosas, cada elección es una oportunidad de oro de hacer unos pesos extra para todos los protagonistas de las distintas modalidades del transporte público santafesino (y para quienes no son parte formal de éste, también).>
De acuerdo con las últimas cotizaciones disponibles en esta última rueda de oferentes y demandantes (para estos negocios no hay veda electoral), los automóviles (no importa el color negro-taxi, verde-remís u otro-particular) presentan valores que van de los 200 a los 300 pesos, según los dirigentes, militantes políticos y punteros con que pudo hablar El Litoral.>
Para las combis, obviamente el precio es otro. La escala parte de los notables 350 pesos y llega a trepar hasta los 450 ó 500 pesos. Incluso, hasta se habla de desesperados precandidatos que llegan a ofrecer hasta 600 por unidad, si es que el propietario del transporte y su chofer aceptan la peligrosa misión de entrar a los barrios más alejados del centro de la ciudad y comenzar la labor a las 6 de la mañana (para pasar a buscar a los fiscales partidarios a sus domicilios y distribuirlos en algunas de las escuelas en las que se instalarán las urnas).>
Los valores sobre colectivos son para este medio un verdadero misterio. Eso sí, quienes conocen a una parte de los protagonistas centrales del transporte de los volantes grandes no dudan en recordar que, más que detrás de una vil libre cotización, habrá quienes estarán completamente al servicio de sus ideas... es decir, sus compromisos político-partidarios.>
De todas formas, ya no son tiempos de movilizaciones barriales masivas, así que pocos piensan en buscar ómnibus. Se prefieren la ductilidad y el prestigio que tienen para los votantes el taxi, el remís o el auto particular.>
Los expertos en marketing político reniegan de estos temas. Rara vez los consultores y asesores de los jefes de las campañas se preocupan por hablar de estas cuestiones tan domésticas y desagradables con sus clientes-candidatos. Sin embargo, en los partidos políticos, todos saben perfectamente qué se debe hacer para tratar de ganar la elección el día del comicio. Nadie lo duda: desde el más voluntarista (e idealista) de sus militantes hasta el más utilitario (y otras cosas) de sus dirigentes.
Puertas adentro, las estructuras partidarias creen que en ciertas capas sociales es clave tener los medios con que llevar a una parte de los votantes.>
Alguna vez, alguna encuesta (o mejor, boca de urna) debería medirlo: ¿cuántos puntos del cómputo final realmente viajan en taxis, remises y combis? Esos ciudadanos, transportados como una mercancía, ¿realmente votan a quienes pagan su pasaje?>
Por ahora, quienes tienen los recursos prefieren invertir enormes sumas en el esquema de transporte que, además de los fiscales partidarios, lleve a una parte de los votantes... Y en Santa Fe son más de 90 las escuelas con mesas electorales.>
Aunque los partidos no tienen ninguna certeza (por suerte, existe el cuarto oscuro), el ritual del servicio puerta a puerta se cumple con todo rigor. Y lo peor es que a las extorsiones, a la sidra y al pan dulce, la caja-pan, al voto cuota, a la pelota de fútbol a cambio de la afiliación a una AFJP, o a seguir las zanahorias atadas a un palo y tirar sin pensar del carro la gente se acostumbra con espantosa facilidad.>
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