Crónica política
Las derrotas del presidente

%sRogelio Alaniz

El principal enemigo del presidente no es Macri, mucho menos Lavagna o Carrió, el principal enemigo del presidente es él mismo. Lo sucedido en Capital Federal así lo demuestra. Algo parecido le ocurrió en Misiones, por no mencionar los desbordes del 17 de octubre o el bochorno de la provincia de Santa Cruz, cuando en su propio feudo los maestros y los empleados públicos terminaron por torcerle el brazo.

En todos los casos estas derrotas podrían haberse evitado o, por lo menos, su impacto podría haberse reducido al mínimo. Una elección se puede ganar o perder, pero el presidente pareciera que siempre se las ingenia para quedar como el principal derrotado de la jornada. El papelón del 17 de octubre, se impedía ordenando que la seguridad del acto quedara en manos de la policía y no de los matones sindicales; en Misiones bastaba con mantenerse prescindente y no comprometerse con un caudillo despreciable; en Santa Cruz todo se resolvía cediendo a las demandas de los maestros; en Capital Federal otro gallo hubiera cantado si en lugar de transformar a Telerman en el principal enemigo hubiese sumado fuerzas para enfrentar a Macri. O si en lugar de plantear la elección -justamente él- en términos de derecha o izquierda y de poner en evidencia que Filmus era apenas su mandadero, hubiese decidido comportarse como el presidente de todos los argentinos.>

Si yo fuera asesor de Kirchner, estaría muy preocupado por su destino político porque observo que hay en él una irresistible pulsión a equivocarse en cada una de las circunstancias en las que tiene que poner en juego su autoridad o su prestigio. Se sabe que en política se pueden cometer errores y nadie escapa a esa posibilidad; pero lo grave no es cometer errores, lo grave es tener una concepción del poder o de la política que conduce inevitablemente a la comisión de errores.>

En menos de un año Kirchner se ha equivocado en cada una de las decisiones políticas que tomó en temas en los que estaba en juego la adhesión de las masas. Lo más preocupante de todo es que estos errores podrían haberse evitado sin perder su identidad. Un político no puede ni debe renunciar a sus objetivos estratégicos, pero sí está obligado a percibir los nuevos humores sociales. En política esa relación entre objetivos finales y coyuntura se puede traducir con los términos de táctica y estrategia. Perón algo sabía de eso, pero pareciera que Kirchner no lo sabe o lo ha olvidado.>

Sin embargo, cada vez que el presidente fue derrotado por la realidad procedió a rectificarse. Así lo hizo después de lo de Misiones y así lo hace ahora recibiendo a Macri y a Ríos. Hoy con estas rectificaciones pareciera que le alcanza, pero habría que advertirle que el margen de juego se le está achicando y que en un futuro inmediato va a tener serios dolores de cabeza si no modifica esa matriz de pensamiento político que lo arrastra de manera irresistible hacia el error.>

Es verdad que dispone de un capital político alto, pero conociendo la historia argentina, el humor errático de su sociedad, le señalaría que se hace muy difícil mantenerse en el poder o ganar elecciones equivocándose con tanta frecuencia. Los pingüinos son pajaritos que soportan el frío y la soledad, pero cualquier ecologista sabe que un cambio brusco de temperatura puede ser fatal para ellos. Lejos de la Patagonia Kirchner está desafiando todos los días a los dioses.>

Hasta la fecha el consenso político principal de Kirchner se lo dio la favorable coyuntura económica. Hoy los beneficios de esa coyuntura se están debilitando y por lo tanto no se puede dilapidar el poder político cometiendo tantas torpezas. Además, el oficialismo ejerce el poder con relativa tranquilidad porque sabe que no existe una oposición capaz de poner en discusión ese poder.>

Hasta la fecha el gobierno es el único equipo político capaz de dar respuesta a los tres o cuatro desafíos básicos de todo gobierno: la relación con las corporaciones, la relación con los caudillos provinciales, la relación con las masas y la relación con un modelo de crecimiento económico más o menos eficaz. No se distingue en el horizonte opositor una alternativa capaz de superar lo que el gobierno está haciendo en este campo, pero no está escrito que en el futuro, y tal vez en un futuro inmediato, ese arco opositor se constituya. Lo curioso es que quien está trabajando con más entusiasmo para que esto ocurra es el presidente.>

Kirchner llega al poder en un momento especial y su estilo de gestión basado en el decisionismo y la confrontación resultó muy eficaz a los ojos de una sociedad que venía de exigir que se vayan todos y reclamaba del poder iniciativas enérgicas. Sin duda que el gran acierto del presidente fue haber sabido entender ese momento político. Su liderazgo se constituyó bajo los rigores de una coyuntura muy especial y a través de un conjunto de propuestas económicas que permitieron empezar a salir de la crisis en la que nos habíamos hundido.>

Lo que ahora debe saber es que una de las enseñanzas de la historia es que en política los ciclos cambian y los métodos que en un momento fueron eficaces se agotan. La metodología kirchnerista fue funcional a una coyuntura, pero hoy esa metodología está dando señales visibles de agotamiento porque el país cambió y lo que ayer se aplaudía hoy empieza a reprobarse.>

Si fuera el consejero del presidente -algún lector desprevenido va a creer que me estoy tirando un lance- le diría que lo que está emergiendo en el horizonte no es la derecha o el fascismo, sino la Argentina plural. Puede que Macri sea de derecha, lo cual en una sociedad democrática no tiene nada de malo, pero los maestros de Santa Cruz no lo son, y mucho menos lo son Fabiana Ríos en Tierra del Fuego o el padre Piña en Misiones.>

Ocurre que tratar de entender a la Argentina en términos de derecha o izquierda es no sólo un error político y una torpeza teórica, sino un modo poco peronista de entender la realidad. Insisto una vez más que el concepto de derecha e izquierda existe, pero no es la única variable teórica para entender la política. Hoy en la Argentina dilemas tales como seguridad, calidad de vida, modernización económica, no se resuelven con el tradicional esquema derecha-izquierda.>

Por otra parte, es poco sincero un gobierno que pretende colocar a la sociedad en este dilema cuando sus operadores políticos principales, es decir, los inefables Fernández pertenecen más al campo de la derecha que al de la izquierda. O cuando el candidato que tiene más posibilidades de darle un triunfo en el distrito más poderoso de la Argentina -me refiero al señor Scioli- es un hombre que por trayectoria política y práctica social pertenece a la más rancia y cholula derecha menemista.>

Tampoco se es leal a la verdad cuando se pretende convocar al electorado a un plebiscito a favor o en contra de los años noventa, cuando los principales colaboradores del presidente, empezado por él mismo, fueron incondicionales del presidente Menem. Diría, por último, que se le falta el respeto a la inteligencia de los ciudadanos cuando se invoca el nombre de Macri como un fantasma maldito, sin decir al mismo tiempo que es este gobierno el que le ha otorgado al señor Francisco Macri las concesiones más jugosas.>

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