Editorial
Nueva etapa proselitista

Tras la instancia de las internas abiertas del 1° de julio, comenzó en nuestra provincia el tránsito hacia las elecciones generales del 2 de setiembre. Con algún inocultable nivel de confusión y desinformación en buena parte del electorado, esta primera jornada comicial supuso una "depuración" más bien módica, ya que -en rigor- son pocas las fuerzas que dirimieron postulaciones a través de la interna y la gran mayoría de los candidatos sigue en carrera. A la vez, motorizó diversas lecturas de los resultados, que hicieron las veces de un testeo para especular sobre las perspectivas futuras.

En primer lugar, es de esperar que la experiencia, con el indudable avance institucional que significa con respecto a la vigencia de la ley de Lemas y las correcciones que eventualmente merezca, también servirá para no dejar dudas con respecto a la próxima etapa.>

En esa oportunidad, cada elector se enfrentará a la instancia decisiva, con la convicción de que en ese ejercicio del sufragio se estarán definiendo las autoridades provinciales y locales para los próximos cuatro años. Y también, que su voto ya no podrá ser desvirtuado, sino que alimentará pura y exclusivamente los guarismos del candidato que en cada categoría haya escogido.>

En lo que hace a los candidatos, ese mismo carácter definitivo hará que ya no haya margen para la comisión de errores. Más allá de las estrategias de marketing o las operaciones de prensa montadas sobre cálculos aritméticos o lecturas más o menos atinadas de los números de las internas, la reemprendida campaña electoral desembocará ineluctablemente en definiciones reales y palpables.>

La obviedad de esta afirmación contiene, no obstante, diversas implicancias, cuyo sentido será definido por los propios actores del proceso. Si esa orientación pierde de vista el interés común e impulsa las apetencias personales al margen de las reglas de una competencia honesta, haría su aparición la campaña sucia que, hasta ahora, sólo se insinuó esporádicamente y asomó apenas al final, ya en plena veda electoral.>

También se puede esperar que el relanzamiento proselitista tome nota del mensaje que, con mayor o menor claridad, puede leerse en la expresión de la ciudadanía, y que en muchos casos se canalizó a través del ausentismo y el voto en blanco. Y que, frente a ello, la opción a tomar sea la del debate genuino y la fundada confrontación de ideas y proyectos, enfocados en una agenda que los partidos intervinientes han sido capaces de pergeñar y que no debería agotarse en el enunciado genérico o el vacuo catálogo de buenas intenciones.>

En suma, y al margen de las diversas direcciones en que se ramificaron los análisis y las imperfecciones del mecanismo -que se corregirán por la práctica o por los retoques normativos que fueren necesarios-, la experiencia electoral resultó positiva y coronó una campaña electoral digna.>

Aprovechar ese capital institucional y no dilapidarlo en el frenesí de una inescrupulosa disputa de cargos, es el deber que tiene ahora el sector político y la retribución que deben a la ciudadanía que aceptó participar del desafío.>