Esta profesión de periodista, sacrificada pero maravillosa, permite recoger experiencias inolvidables. Era viernes a la noche. La suite del piso 65 del Mandalay Bay de Las Vegas alojaba a un Carlos Baldomir demasiado tranquilo. Era la noche previa al combate de su vida: el que disputaría con Floyd Mayweather al día siguiente. Transmitía confianza el "Tata", aunque interiormente sólo él sabía que no podía ganar.
"¿Cuál va a ser el plan de pelea, Tata?", le preguntamos, mientras miraba azorado las luces de una ciudad increíble como Las Vegas. Y Baldomir respondió, quizás a sabiendas de que eso que estaba diciendo era lo que necesitaba hacer arriba del ring, pero que difícilmente podría llegar a lograrlo.>
Baldomir no subió en el ciento por ciento de sus condiciones al ring esa noche. Ni siquiera habrá estado en un 50 ó 60 por ciento. Le quedó la guapeza de siempre, esa que es incapaz de abandonarlo. Pero hizo todo al revés de lo que dijo. No había que tirar por tirar, y tiró. Parecía que quería embocar una mano que le diera una victoria milagrosa. Justo él, que no es un boxeador de una sola mano y que es suficientemente técnico -más allá de su valor y sus agallas indiscutibles- como para no depender del azar (o la justeza) de un solo golpe.>
"No sé qué habría pasado si hubiese estado en mis mejores condiciones", dijo Baldomir después de la pelea. No antes. Quizás, porque no quería alarmar a nadie; y porque se tenía fe, cuestión que, al fin y al cabo, es lo último que se pierde.>
Había quedado mano a mano con su suerte y su destino. Y también con sus limitaciones. Fue muy duro aquello que le tocó vivir -la descompensación física y las internaciones en Los Angeles- que lo llevaron a subir al ring sabiendo que estaba dando un handicap demasiado grande, casi decisivo, ante un rival muy bueno, extraordinariamente bueno. Y perdió dejando una imagen que a él no le habrá gustado ni medio. Resignándose. Palabra fea, casi inexistente en su propio diccionario.>
El "Tata" no debe estar hecho económicamente aunque ganó mucho dinero. Pero no es eso lo que importa. Estoy convencido, sin conocerlo lo suficiente, de que su vuelta después de más de ocho meses no es por plata, sino por la gloria.>
Al "Tata" le salió "el vendedor de plumeros de adentro". Revisó su pasado, sus carencias, sus necesidades, sus tantos días de comida escasa y dinero insuficiente. No se iba a permitir rifar así nomás su dignidad. O más que eso, su orgullo. Es que Baldomir se debe sentir tocado en el amor propio. No caben dudas. Y por eso sale a buscar esta nueva chance. Y habría dado hasta lo que no tiene porque enfrente vuelva a estar Floyd Mayweather.>