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Un año después de la guerra entre Israel y la milicia del Hezbolá chiíta libanés, el sur de Líbano está en paz y se recupera poco a poco, pero el país ha entrado en una nueva época de inestabilidad política, marcada por el resurgimiento de la violencia.
Desde la tregua del 14 de agosto de 2006, la paz se mantiene en la frontera con Israel, donde los combatientes chiítas, si bien se han negado a entregar las armas, cedieron su lugar al ejército libanés, que cuenta con el apoyo de 13.000 cascos azules de la ONU.>
Ello no ha impedido que el pasado otoño (boreal) de 2006 Líbano entrara en una crisis política sin precedentes desde la guerra civil de 1975-1990.>
Además de la parálisis que sufren las instituciones, nuevos episodios de violencia han sacudido el país en los últimos meses, a medida que cobraba importancia la actividad de grupos extremistas sunitas acusados de mantener vínculos con Al Qaeda y con los servicios de inteligencia sirios.>
Así, por ejemplo, al cabo de un mes y medio de bombardeos, el ejército libanés no ha conseguido aún noquear a los islamistas de Fatah al Islam, un grupúsculo cuyos miembros son de varias nacionalidades árabes y que reconoce vínculos con Al Qaeda.>
Pese a las operaciones del ejército, los extremistas siguen atrincherados en el campo de refugiados palestinos de Nahr al Bared, en el norte del país, desde el pasado 20 de mayo.>
Tras el asesinato de dos personalidades pertenecientes a la mayoría parlamentaria antisiria, a saber, el ministro cristiano Pierre Gemayel, en noviembre de 2006, y luego, el diputado Walid Eido en junio, un atentado provocó seis muertes el 24 de junio. En él perecieron seis soldados del contingente español de la Fuerza Interina de las Naciones Unidas en Líbano (Finul), desplegada en el sur del país.>
Hezbolá negó toda implicación en el atentado que, sin embargo, sucedió en un lugar en el que la milicia chiíta sigue presente.>
El ministro español de Defensa, José Antonio Alonso, atribuyó el ataque a una "célula terrorista" extranjera (no libanesa). Su homólogo libanés Elías Murr sugirió la pista de Al Qaeda, mientras que el gobierno aseguraba que existe un vínculo entre dicho atentado y los combates en Nahr al Bared.>
"Al Qaeda golpea allí donde hay regímenes alineados con Washington, ya sea en el norte de África, en Yemen o en Arabia Saudí", comenta al respecto el investigador Walid Charara, especialista de Hezbolá.>
En este contexto de violencia crónica, el conflicto entre la mayoría parlamentaria antisiria, apoyada por Occidente y Arabia Saudí, y la oposición, aliada de Siria e Irán, podrían agravarse a medida que se acerca la elección presidencial, prevista para fines de setiembre.>
Por el momento, las consecuencias económicas de la inestabilidad son nefastas. La inseguridad ha ahuyentado por segundo año consecutivo a turistas e inversores, lo que se une al caro tributo que ya pagó el país por la guerra de 2006.>
Unas 1.200 personas murieron, en su mayoría, civiles, y los daños materiales se evalúan en 3.600 millones de dólares.
La economía sufrió en 2006 un retroceso del 5 %. El sector servicios, que es el que más ingresos aporta, está en un pésimo momento a causa del éxodo masivo de los extranjeros y los libaneses que volvieron al país tras el final de la guerra civil en 1990.>
"La situación se está hundiendo en una recesión estructural", en una nación cuya deuda pública asciende a 41.000 millones de dólares, comenta el economista Kamal Hamdane. El especialista destaca que la ayuda internacional al gobierno de Fuad Siniora, primer ministro, es "insuficiente para relanzar una economía boicoteada por los inversores".>
El proyecto de tribunal internacional encargado de juzgar a los asesinos del ex primer ministro libanés Rafic Hariri, muerto en Beirut en 2005, es la raíz de la crisis política que estalló en noviembre con la dimisión de los ministros chiítas.>
Pese a las acusaciones de los actuales dirigentes libaneses, Siria ha desmentido en todo momento estar implicada en el atentado.>
La posición del ejército libanés, situada a un tiro de piedra de su casa en la frontera norte de Israel, recuerda a Shula Asayag la dolorosa guerra de hace un año entre su país y la milicia chiíta del Hezbolá, pero, también, que el nuevo conflicto que teme se está gestando.
"Desde hace un tiempo, se siente una cierta tensión. Notamos que se está preparando una nueva guerra y nos sentimos desamparados", dice Shula Asayag, de 57 años, en el hostal para turistas que gestiona en Zarit, una localidad cercana a la frontera libanesa.
Precisamente cerca de Zarit, los milicianos de Hezbolá secuestraron el 12 de julio del año pasado a dos militares israelíes. El rapto desencadenó una ofensiva devastadora del ejército hebreo en Líbano que, sin embargo, no logró consolidar la capacidad disuasiva de las fuerzas israelíes. Desde entonces, no ha habido noticias de los soldados.
La resolución 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU, que puso fin el 14 de agosto a la guerra, permitió por primera vez en cuarenta años el despliegue en la frontera del ejército libanés, que cuenta con el apoyo de 13.000 cascos azules de la ONU.
Hasta entonces, la zona estaba dominada por los combatientes de Hezbolá.
"Todas las posiciones de Hezbolá cercanas a la frontera están ahora controladas por el ejército libanés. Las fuerzas de la ONU están mucho más presentes y desplegadas de un modo diferente. Las nuestras, también", asegura el general Yosi Bachar, del mando militar norte de Israel.
Durante la guerra, los bombardeos sin precedentes de las localidades hebreas cercanas de la frontera obligaron a casi un millón de israelíes a huir o a esconderse en los refugios.
Los daños materiales causados han sido prácticamente reparados en su totalidad y la economía se ha recuperado, pese a las pérdidas considerables en el turismo, que es un sector clave.
El retorno a la normalidad es, no obstante, engañoso. Aunque ya no se ve a los combatientes de Hezbolá ni sus banderas amarillas, éstos siguen, sin embargo, presentes, del lado libanés de la frontera.
Tras los 34 días de enfrentamientos, Hezbolá se vio reforzado y comenzó a exigir -en alianza con los también chiítas de Amal y la Corriente Patriótica del general cristiano Michel Aun- una mayor participación política en un gobierno que considera ilegítimo y títere de las potencias occidentales.
Estas exigencias fueron desoídas por la mayoría parlamentaria, que agrupa a las principales formaciones suníes y drusas, y una importante parte de los cristianos en la conocida como "Fuerzas del 14 de marzo".
A su vez, estas fuerzas han acusado a Hezbolá de ser el ejecutor de los planes sirios e iraníes en el Líbano y de pretender dar un golpe de Estado.
AFP/EFE