Las películas siempre repetidas del gremialismo

A menos de cuatro meses de los comicios generales, los gremialistas de sello peronista y el gobierno aceleran acciones para consolidar su alianza, con el propósito de conseguir en octubre un resultado que proporcione beneficios a ambas partes.

Como viene ocurriendo desde hace bastante tiempo, la CGT enarbola una petición y, cuando la cuestión está casi resuelta o directamente definida, se organiza un encuentro tras el cual aparecen los anuncios a toda orquesta.>

Ahora es el turno del salario mínimo: en los próximos días se reunirá el consejo tripartito encargado de actualizar ese haber.>

En esta ocasión los números en danza ya tomaron estado público, y el nuevo mínimo, según los anticipos, orillaría los mil pesos. Sin embargo, hay algunos obstáculos a superar, fundamentalmente para que no se altere el esquema armado a partir de las últimas paritarias donde se establecieron aumentos promedio del 16,5 por ciento.>

Si bien habría acuerdo para que el salario mínimo supere en esta oportunidad el límite de la canasta de pobreza, como ese haber es referencia para que ningún trabajador gane por debajo de esa cifra se está procurando que no haya necesidad de reabrir discusiones en convenios colectivos.>

Cuanto más alto sea el número pactado, mayor será la cantidad de trabajadores incluidos en ese universo, y entonces deberían retocarse algunos acuerdos para adecuar los básicos.>

Por ello las partes están afinando el lápiz para evitar que, tras el anuncio del nuevo mínimo, deba reanudarse la discusión en algunos sectores. De todas maneras, no todas son rosas, ya que tanto el gobierno como los gremios tienen una serie de problemas mucho más severos que la cuestión del salario mínimo. Por caso, la crisis energética sigue expandiendo su reinado, con las consecuencias negativas para la producción y la actividad laboral. Algunos gremios ya están expresando su preocupación por las suspensiones de operarios. Pero, en el caso específico del sindicalismo, sus cuitas no le permiten transitar con tranquilidad, y hasta se reeditan viejas peleas de otras décadas. El estilo personalista del titular de la CGT, Hugo Moyano, continúa desvelando a algunos de sus colegas de otras líneas, que quieren a toda costa acotarle su margen de maniobra y, en consecuencia, tener ellos más participación y, sobre todo, acceso a los despachos más privilegiados de la administración Kirchner. La famosa "mesa chica" donde tratan de convivir las diversas fracciones gremiales parece no haber conseguido hasta ahora uno de los objetivos fundacionales, cual es la toma de decisiones bajo el más absoluto consenso, finalidad que, en realidad, enmascara la idea de ponerle límites al camionero. Pero las situaciones conflictivas en que está inmerso Moyano no terminan ahí, ya que se reavivó el combate con el mercantil Armando Cavalieri, a quien el mandamás cegetista le fue birlando afiliados a partir de planteos sobre reencuadramiento sindical.>

Ahora, en medio de una disputa por empleados de un hipermercado mayorista, Cavalieri explotó y pidió la directa intervención de Kirchner en el asunto. Claro que el titular del gremio de empleados de comercio no parece tener un horizonte demasiado favorable: pretende que el presidente le ponga freno a su principal aliado y, encima, pertenece al núcleo de los "gordos", que están fuera de la central sindical madre y no cuentan con la simpatía de la Casa Rosada.>

La pelea Moyano-Cavalieri trae a las arenas gremiales el recuerdo de una histórica disputa que se dio hace muchos años entre los metalúrgicos de la UOM y los mecánicos del Smata por la representación de los empleados de Fiat. Y entonces el mundo gremial sigue proyectando películas que nunca pudo mandar al archivo.>

De la misma manera que continúa desplegando sus habilidades para cobijarse bajo el sol de la política oficialista, aunque no sin un dejo de incertidumbre acerca de la atención que tendrán de parte de la candidata a presidente Cristina Fernández de Kirchner, quien, como en otras cuestiones, tendría diferencias con su esposo en cuando al trato a dispensar al gremialismo ortodoxo.>

Así, buscarán sellar con la actual administración la mayor cantidad de compromisos posibles para que no puedan ser alterados después del 28 de octubre. Aunque, si se encuentran ante alguna sorpresa, seguramente aguzarán su ingenio para adecuarse a los eventuales nuevos tiempos.>

Luis Tarullo (DyN)