Hoy convivimos con un ambiente impregnado de un discurso que "sataniza las grasas y las calorías", donde el empleo del tiempo privilegia aquellas actividades productivas y donde la mesa, sí, la mesa donde antes las abuelas pasaban largas horas amasando, hoy ha sido desplazada por el hegemónico escritorio.
En contraposición a la tendencia "listo para consumir", cualquier bibliografía que aborde el área de la dietoterapia de las patologías gastrointestinales más recurrentes por estos días, menciona como encabezado: "Comer en un ambiente distendido y masticar despacio". Hacerse eco de esta recomendación provoca en los pacientes sonrisas irónicas..., reflejando una desconexión entre el mensaje transmitido y el llamado `estilo de vida moderno' ".>
El explosivo auge de la industria y tecnología alimentaria de los últimos años determinó que el alimento transgreda sus históricos límites nutritivos y pasemos a exigirle: fortificación, inocuidad, alta densidad nutricional, efectos terapéuticos, practicidad, durabilidad, máximas cualidades organolépticas, etc. y por si faltaban requisitos: que lo prometido en los envases, sea visible a corto plazo. Sin embargo, y para decepción de los que tienen depositada sus esperanzas en descubrimientos de "pastillas o genes milagrosos" lamento comunicarles que lo saludable es más inherente a nuestros hábitos alimentarios que al alimento en sí.>
En el mismo sentido, la tendencia reduccionista del abordaje de los kilos excedentes, no tardó en impregnar las perspectivas en los protocolos de investigación que encontró en el hombre de Cromagnon su mejor "chivo expiatorio". Y sí, resultó ser, que la desenfrenada tendencia que nos asemeja al popular y opulento ícono de una prestigiosa marca de cubierta de automóviles de Fórmula 1, se explicaba ahora por un llamado "gen ahorrador" que tuvimos que desarrollar para atravesar exitosamente los períodos de privación de alimentos que como civilización debimos afrontar por años, y que al presente, con la misma lógica pero en un escenario de abundancia violentamente distinto, sería el responsable de engordarnos.>
Como ciegos devotos a las modas y tendencias, actualmente estamos caminando hacia los ritos iniciáticos de una nueva variante de la contracultura posmoderna: "vida lenta o slow" que se promociona como una nueva actitud ante la vida marcada por la revalorización de los afectos, la realización de actividades placenteras y el comer "saludablemente" (Slow Food, no Fast Food). Pero alternativa a mano de aquellos que tienen el privilegio de autoadministrar su tiempo. -Si Ud. califica dentro de esta categoría, ífelicidades! De lo contrario: siga participando.>
Entonces, el alimento como fuente de vida y de placer, y el acto de comer como espacio y tiempo de relación (sin dejar de tener presente las disparidades según el peldaño de la escalera en la que nos ubiquemos, en donde muchos ni siquiera llegan a la mesa...) se revelan como conflictivos e inquietantes.>
En nombre de la salud, evitaría imaginar generaciones futuras cocinando "cuick-locros" o "programando" el llanto de los niños a fin de no interrumpir el disfrute de un placentero almuerzo. Igual, las opciones están por venir y para todos los gustos. ¿Quién se anima a participar?>