La salud y los modelos tecno y democráticos

Hay dos modelos antagónicos de funcionamiento de la sociedad. Uno es el tecnocrático y el otro es el democrático. En el tecnocrático, se cree que los grandes problemas sociales se solucionan técnicamente y que se necesita una base de conocimiento científico (aplicado y técnico) para instrumentar tales soluciones: los expertos deben indicar qué solución se debe dar a los problemas. Los políticos y los ciudadanos deben aceptar la indicación del experto. En la sociedad tecnocrática, los expertos también legitiman las decisiones que los políticos toman.

En el modelo democrático, se cree que los grandes problemas sociales tienen soluciones básicamente políticas y que si bien se necesita una base de conocimiento científico-técnico para resolverlos es materia de deliberación ciudadana cuáles son las vías de solución de esos grandes problemas. En una sociedad democrática, los expertos científicos aportan su voz para que el foro público pueda deliberar informadamente. En una sociedad democrática, los expertos no tienen la última palabra y los ciudadanos no "aceptan" sino que deliberan y deciden.>

Los grandes problemas sociales como la salud pública, la alimentación pública, el ambiente, la pobreza, etc. enfrentan a los modelos tecnocráticos y democráticos. Las viejas ideas tecnocráticas están siendo enfrentadas por la acción ciudadana. La acción ciudadana plantea el mismo argumento que se usó para la guerra: la guerra es demasiado importante para dejarla en manos de los militares y la política ingresa a la guerra (a las entrañas de la guerra y no sólo para declararla). Como nos interesa la salud pública, aquí podría decirse: la salud pública es demasiado importante para dejarla en manos de médicos; o, también: la salud pública es demasiado importante para dejarla sólo en manos de médicos. Una afirmación es más radical que la otra. Para quienes afirman la primera, hay una distinción radical entre "salud" y "medicina". La salud es un ámbito social y sería común (y conveniente) que un dirigente social sea ministro de Salud tal como es hoy común en el caso de Defensa. Para la segunda afirmación sería conveniente que el ministro de Salud sea un experto en salud pública -�un médico?- acompañado por un consejo donde la ciudadanía esté representada. Ambas situaciones obligan a la democracia a democratizar el conocimiento. Como sostiene Barry Barnes en su libro "Sobre ciencia": "Ya que en las sociedades modernas la toma de decisiones políticas es una cuestión de índole técnica y exige un conocimiento y competencia especializadas, y ya que la población en general carece de ese conocimiento y se le impide acceder a él, no tiene participación alguna en la actividad política".>

Es por esto que una sociedad democrática decide también democráticamente qué contenidos (conocimientos) debe transmitir la educación formal. Pero no es absolutamente necesario que los ciudadanos tengan conocimiento afín con el experto, lo que es importante es que estén dispuestos a reclamar y reconocer cuáles son sus derechos.>

Una sociedad democrática debe reconocer las bases del funcionamiento tecnocrático para poder intervenir sobre sus mecanismos, vuelve a decir Barnes: "Para que exista una tecnocracia, para que el conocimiento sea la base del poder de los expertos técnicos, el conocimiento debe ser uniforme y los expertos estar unidos.>

Cuando un experto habla contra otro, la autoridad genérica de los expertos deja de ser relevante".>

Ésta es la situación que se enfrenta hoy en el caso del hospital Iturraspe, los expertos defienden sus condiciones de privilegio a decidir en torno de la salud pública sin el consentimiento de la ciudadanía.>

Hay que reconocer que la ciudadanía, sobre todo los movimientos de mujeres y de gays y lesbianas, obligó a redefinir las relaciones entre médico y paciente a partir del reconocimiento del derecho fundamental de decidir sobre el propio cuerpo (Cf. Harry Collins y Trevor Pinch: "AC Ting UP: AIDS Cures and Lay Eexpertise", 1998). Entonces, frente a un médico que toma decisiones sobre el cuerpo del paciente aparece una conversación que termina con la decisión del paciente sobre qué hacer sobre (con) su cuerpo. Ésta es una frontera dinámica en tanto la expansión de la visión tecnocrática siempre avanza sobre la frontera delimitada. Como se ve en el caso del hospital Iturraspe, los expertos no están dispuestos a "ceder" condiciones de poder. Sobre todo en los hospitales públicos en tanto quienes allí concurren por pertenecer, en su gran mayoría, a "quienes se les impide" el acceso al conocimiento, no suelen ser considerados interlocutores competentes.>

Dadas las condiciones en que la tecnocracia y el poder de los expertos en salud se reproduce, es necesario que la ciudadanía siga profundizando sus reclamos de democratización de los espacios públicos de salud. En otras áreas sociales, se consiguieron triunfos importantes, por ejemplo: el medio ambiente. En un primer momento, la ciudadanía forma parte activa de los consejos de salud pública dirigidos por los expertos. En un segundo, dirigiendo esos consejos en los que participan los expertos de la medicina, garantizando un diálogo democrático.>

(*) Profesor adjunto ordinario de Ciencia, Tecnología y Sociedad, de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Hídricas de la Universidad Nacional del Litoral.

Oscar Vallejos (*)